Algo pesado corría sobre el techo de la casa (cuento)

.

José J. Guzmán 20 Junio 2025 15:21
Comparte

Guiada por su intuición, Lupita decidió volver al pueblo donde una vez fue niña. Tenía la corazonada de que para liberarse, ahora de adulta, de la persecución del Güin, debía confrontarlo cara a cara. Resolvió hacerlo porque tres veces un sueño recurrente la atormentó en noches imprevisibles. En ese mundo onírico, revivía la madrugada del velorio de su abuela. Tenía apenas cuatro años y su madre la acostó en la cama de la habitación donde, horas antes, la pariente que ahora le parecía tan lejana había dejado el plano terrenal. A un lado, en la sala, un grupo de señoras rezaban un rosario de cuerpo presente que poco a poco la sumió en un húmedo letargo. Ya estando en el estado de duermevela, entre la vigilia y el sueño, un extraño animal levantó la lámina de zinc del cuarto y la observó con sus ojos enormes.

La intuición no era nada nuevo para ella; era, en realidad, su fiel compañera de vida. Como psicoterapeuta, se había inclinado al estudio de la metafísica como una terapia personal y de autoconocimiento para tratar los dolores emocionales de sus pacientes. Confiaba en su intuición más que en lo aprendido en las aulas, incluso más de lo que había aprendido leyendo a Freud, a Jung y a Adler. Sin necesidad de ver el reloj, su intuición le dictaba la hora exacta del día, sabía de qué iba a tratar esa llamada que entraba entre sesiones, cuál era el diagnóstico de su paciente, cuál su dolor espiritual y cuál el tratamiento, todo sin necesidad de usar el intelecto.

Sí, era apenas una niña cuando el Güin se le apareció. Recordaba ese mes de marzo. Su madre la sacó de la escuela entre llantos, jalandola del brazo y gritando: ≪¡Está muerta, está muerta, tu abuela está muerta!≫. Luego, tenía imágenes del trayecto en el bus de parrilla; de su madre dándole un manojo de flores para que las pusiera en sus rodillas mientras emprendían el viaje a la costa sur de Guatemala. 

Cuando llegaron al pueblo, que sólo visitaban para la noche de Nochevieja, los familiares y conocidos ya estaban reunidos envueltos en el sopor del velorio. Recordaba las calles de tierra, el centro del poblado donde se vendían huevos de iguana, el tanque de agua donde las señoras lavaban, y a su par, la gran casa de madera de su abuela, el cuerpo en el féretro, las enormes velas de muerto que intensificaban los calores nocturnos y humanos, y la gigantesca carpa instalada en la calle donde las sillas se amontonaban, sin ningún orden específico, esperando más dolientes.

Fue también la primera vez que, quizá, su intuición la visitó, porque mientras la oscuridad avanzaba, supo que el velorio no terminaría pronto y que toda esa gente amanecería allí contando anécdotas y chistes sobre la fallecida hasta que fuera hora de irse al camposanto. Fue entonces cuando le dijo a su madre que estaba cansada, y ella la acomodó en la cama donde su abuela había fallecido esa misma mañana de marzo. La niña se quedó medio dormida, protegida por un mosquitero, mientras sudaba la mala hora previa a su desgracia.

Cuando empezó a entrar en el estado de duermevela, sucedió:

Escuchó cómo algo pesado corría, a gran velocidad, sobre el techo de la casa. Era muy rápido, en verdad era veloz y pesado. Al abrir los ojos, descubrió cómo las láminas se doblaban por la gravedad de lo que sucedía arriba. Era un sonido que, supo, no era de este mundo, porque le provocaba una sensación extraña de no pertenecer, por un momento, a la realidad. La presencia de esa cosa era tan fuerte que pensó que caería en la habitación. Pero, al contrario, hubo un silencio pasajero que la estremeció antes de la fatalidad: a los pocos segundos, una mano peluda, de humano pero con garras de perro, levantó la lámina aflojando los clavos de la madera donde se sostenía, y vio a un perro grande, viejo y babeante, mirándola con sus ojos rojos y puntiagudos mientras le ofrecía una sonrisa gigantesca que dejaba ver sus colmillos.

Lupita salió corriendo del cuarto y, al pasar, volcó una candela. Las rezadoras parecían ajenas a lo que había ocurrido hasta cuando ya estaba sucediendo lo fatal. El vestido de encaje que llevaba pronto agarró las llamas, y su cuerpo se vio envuelto en fuego, quemándole la pierna derecha y dejándole una cicatriz para siempre, un morado que creció con ella, hasta ahora, en el año de sus 33 años.

≪¡Me asustó!≫, gritaba entre el fuego. ≪¡Me asustó!, ¡hay un animal en ese cuarto!≫, decía, mientras las rezadoras intentaban quitarle el vestido e iban corriendo por agua al tanque público al lado de la casa.

Si algo recordaba muy bien, ahora que regresaba al pueblo, era la certeza de que una quemadura duele más cuando sucede en la costa. Se había quemado muchas veces en la vida, pero ninguna le dolió tanto como aquella noche y en los días siguientes, durante las novenas, cuando tenía que meter la pierna al tanque para sentir un poco de alivio.

Aún no había amanecido cuando le aplicaron ungüento, y esta vez su madre decidió acompañarla en la cama para que pudiera dormir unos momentos. Sin embargo, no pudo. El ardor era insoportable. Observaba entre las ranuras de las tablas de las paredes de madera a los hombres del velorio, sentados en las sillas, con las camisetas levantadas sobre el ombligo, abanicándose y tomando cerveza. ≪Se le apareció el Güin a la pequeña≫, decía uno.

Y fue esa misma madrugada, en la que la pasó asustada y delirante por el dolor que escuchó la historia entre las conversaciones de los señores, que a cualquiera le hubieran parecido murmullos, a todos, menos a ella:

—El Güin es un hombre malo que tiene la capacidad de convertirse en perro a voluntad. Se sube a los techos de las casas para causar alboroto y se roba a las gallinas.

Escuchó que había que atraparlo y azotarlo para que dejara de hacer alboroto; escuchó, también, que una vez castigado se convertía en hombre y salía huyendo, aunque siempre regresaba por temporadas.

Aquel pasaje de su infancia desapareció en de su vida, hasta cuando, exhausta después de atender a su último paciente un viernes por la noche, regresó a su casa en la ciudad y se quedó profundamente dormida en el sillón mientras veía una película. Ese episodio de sus cuatro años, volvió en sueños por tres veces.

Los ojos estaban presentes, imborrables cada noche en los que el proceso de alienación se instauró en su alma, hasta hacerle perder la virtud de estar en medio de las coordenadas de la tierra. Dejó de atender en el consultorio una semana antes de haber esperando a que llegara la genuina inspiración de la intuición. A que le dictara lo que debía hacer, y de hecho, fue su fe en ella la que le dijo que debía regresar al pueblo donde una vez fue niña, al cual no había vuelto desde hace una década, cuando su madre falleció. Regresaría a la vieja casa de su abuela que recibió como herencia, y dormir en la misma cama, que seguramente permanecía intacta, encapsulando el tiempo de otras eras, para intentar, por fin, quedarse dormida y, en medio del estado de duermevela, volver a tener contacto con él.

Pero, en efecto, ya era otro tiempo y otro pueblo. Las casas de madera y lámina se habían cambiado por casas de block con terraza, y en lugar de tiendas y cantinas alumbradas al anochecer con velas y focos amarillos, ahora había locales de ventas de cosas pirateadas, ropa americana y artículos de plástico que la alejaban del recuerdo nostálgico de su infancia. Pero había algo extraño, demasiado extraño: los locales, aunque abiertos, estaban vacíos. Las calles estaban vacías, y un maldito aroma le recordaba la presencia de la muerte, ese olor que sus pacientes suicidas llevaban cuando ambos sabían que sería la última vez que se verían, y que la terapia no había funcionado, no porque su intuición fallara, sino porque en verdad ya no había nada que hacer.

Recorrió las mismas calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde las luces de neón de feria de dos o tres casetas esperaban a sus dueños como si aquello fuera un pueblo fantasma. Tenía sed, pero nadie servía la horchata; tenía calor, y la humedad de las cuatro de la tarde le golpeaba la cara con un tierno beso que la envolvía en el sudor de una aventura que le parecía extraña. ≪Seguiré soñando≫, dijo, pero el golpe de la realidad activó el mecanismo de su consciencia cuando apareció un grupo de niños descalzos saliendo de entre las champas improvisadas del mercado municipal, corriendo y tratando de desenredar una soga. ≪Apresurémonos≫, dijo uno de ellos, y ella corrió tras ellos para preguntarles dónde estaban los demás.

—Es que lo agarraron —dijo otro—, agarraron al ladrón de gallinas.

—Lo quieren amarrar a un poste en el campo de fútbol —gritó a la distancia el más pequeño.

Lupita supo entonces que el encuentro estaba cerca. No se había equivocado: algo estaba ocurriendo en este pueblo, y ella había regresado para rendir cuentas, para saber, por fin, y conocer la forma humana de quien la llamaba en sueños.

Persiguió a los niños hasta llegar al campo de fútbol, y encontró a la multitud en círculo y en el centro reconoció una figura humana demacrada, golpeada, y con la boca empapada en sangre, pidiendo perdón.

El bullicio era ensordecedor, pero se distinguían las constantes palabras ≪ladrón, ladrón, ladrón≫. Mientras Lupita se abría paso entre la multitud, sintió cómo la mirada de alguien conocido se posaba en ella.

Lupita avanzaba entre la muchedumbre con firmeza, sintiendo que cada paso la acercaba no solo a su destino físico, sino a una culminación inevitable. Algo en su interior parecía estar ajustando cuentas, y gracias a sus estudios de metafísica, comprendía que el universo estaba alineándose justo para este momento.

Al llegar al frente de la multitud, lo vio. No hubo dudas en ella. Estaba sentado y hundido en las alucinaciones de sus golpes. Aquellos ojos inyectados en sangre eran los mismos que la miraron cuando era una niña. Lupita se sintió libre, inspirada, completamente humana. Con voz clara y firme, señaló: ≪Él fue... él fue...≫, mientras se bajaba el pantalón beige, mostrando la quemadura que aún marcaba su piel. ≪Hay que prenderle fuego por lo que me hizo≫, sentenció.

La turba, como movida por el instinto primitivo, desechó la idea de amarrarlo a un poste y roció gasolina sobre el hombre. Uno de los ancianos, con su autoridad sobre las cosas del pueblo, fue quien le prendió fuego con un mechero. El ladrón, envuelto en llamas, corrió por todo el campo de fútbol, gritando de dolor, tratando con fuerza humana, pero también sin esperanza, arrancar su carne mientras su cuerpo ardía. Los minutos transcurrieron lentamente, hasta que su figura, envuelta en el umbral entre lo vivo y lo muerto, colapsó en el centro del campo. Lo que quedó de él no era más que un pedazo de carbón. El olor le recordó a Lupita el de su propio vestido quemado tantos años atrás.

La multitud se dispersó sin hacerle preguntas, como si el acto de justicia fuera tan natural que no necesita explicación. Nadie parecía reconocerla, y ella ya no conocía a nadie. Sintiéndose invadida por la nostalgia, decidió regresar a la casa de su abuela.

En una banqueta, una vecina anciana, flaca y encorvada estaba sentada recibiendo el último rayo de sol del día. La última vez que Lupita la vio, era una señora de apenas 50 años muy gorda. Fue la única que la reconoció: 

—Vaya, que vino a ver su casita —dijo la mujer, mientras la noche empezaba a caer—. Hoy quemaron a un loco.

—Lo sé, lo fui a ver. Me hizo tanto daño —respondió Lupita.

—¿Acaso lo conocía?

—Demasiado bien —dijo entre un suspiro aliviado.

Exhausta, entró en la casa y descubrió que todo seguía igual. Las fotos familiares, los recuerdos de viajes a la costa, el calor envolvente de tiempos pasados y sobre todo la lámina abollada del cuarto de su abuela, y la cama en la que cayó rendida, finalmente libre del espasmo de su infancia. Mientras se estaba quedando dormida, algo pesado comenzó a correr sobre las láminas del techo. Atemorizada, Lupita se cubrió la cara con las sábanas, incapaz de reunir el valor para mirar.

Al día siguiente, con la luz del amanecer, decidió ir al tanque público a lavarse la cara. Allí, vio una colonia de gatos paseando por el lugar y bebiendo del tanque. La vecina se le acercó y le dijo:

—Vaya, que vino a ver su casita, tengo muchas cosas que decirle. Sus láminas ya están muy viejas, es por los gatos. Pasan por el tejado para venir a tomar agua al tanque.

De pronto, todo cobró sentido. A Lupita nunca se le apareció Güin cuando era niña. Lo que vio fue un gato que transitaba por el tejado para llegar al tanque. Su mente infantil, escuchando las historias de los hombres sobre el Güin, transformó al inocente gato que la vio asustado entre las grietas en el monstruo que la aterrorizó durante los sueños.

Pero lo más cruel fue darse cuenta de que aquel ladrón de gallinas, castigado, pero que quizá no merecía morir, había sido quemado vivo por su culpa. La cicatriz que ella mostró no había sido infligida por él, sino por una historia que, ahora lo entendía, su mente de niña había malinterpretado. Entendió que su abuela estaba muerta, su madre estaba muerta, sencillamente muertas, y que los tres sueños, solo habían sido eso, sueños.

Comprendió, entre su desdicha, que su intuición la había traicionado.

SEGUNDO LUGAR EN CUENTO CORTO, CERTAMEN DE LITERATURA, ARTE Y CULTURA GUATEPAZ 2024.


 


José J. Guzmán

José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).


Comparte

OpiniónLiteratura

Subsidio o eliminación del IDP, ¿qué más le beneficia a la población?

Arnoldo Soch Tzul 19 Marzo 2026 08:00
Comparte

Cuando los países poderosos estornudan, los países pequeños, subdesarrollados y pobres, les da gripe. Durante los últimos 25 años, el mundo ha sufrido las consecuencias de varias guerras, todas suscitadas en el Medio Oriente; ojalá pudiéramos encontrar el otro medio del oriente, quizá allí no haya tanto conflicto armado.

En Guatemala, nuevamente nos enfrentamos a la escalada de los precios del combustible por parte de los comerciantes sin escrúpulos que hacen su agosto en cualquier mes del año. Me imagino a los expendedores de combustible y, sobre todo, a los importadores de esta mercancía, felices cada que suenan los tambores de guerra. Pero Guatemala, igual que todo el mundo, no tiene alternativas reales para hacerle frente a este fenómeno inhumano, reitero, provocado por la voracidad de los países poderosos.

Entonces, ¿qué debe hacer el gobierno —tres organismos del Estado— ante semejante situación? Organismo Judicial, casi nada, mientras no se termine de descooptar; en otra ocasión dije que estamos al borde de una dictadura judicial. Entonces, la posible solución la deben buscar el Legislativo y el Ejecutivo; no hay más tiempo.

Subsidio o suspensión temporal del IDP; dos iniciativas de ley presentadas por varios diputados al Congreso de la República. Como ciudadano de a pie, no estoy de acuerdo con ninguna de esas iniciativas; el pueblo está cansado con soluciones a medias, torpes, tercas y clientelares por parte de estas personas que, por mala suerte, hoy representan el poder del pueblo, un 99.9% de ellos jamás hubieran llegado allí si no fuese por la forma corrupta en que son elegidos, o acaso ya se nos olvidó la reelección del representante del congreso ante la CC.

Los subsidios jamás han beneficiado al pueblo; al contrario, es un dinero contante y sonante que el MINFIN le entrega a nuestros verdugos —en el caso concreto de Energuate y empresas importadoras de combustible—, Menciono Energuate porque hace exactamente seis años esta empresa, durante tres meses, recibió millones de quetzales debido a COVID-19, y los resultados jamás se vieron. El subsidio al combustible no tuvo éxito porque en las gasolineras le subieron el precio del combustible antes que se aplicara el subsidio; entonces, el precio siempre fue el mismo. Qué inmoral e inhumano proceder de estos comerciantes. Los subsidios al pueblo no le benefician en lo absoluto; hacen crecer más riqueza a los importadores y distribuidores de esta mercancía. También, es una forma populista de los diputados para aparentar trabajar a favor del pueblo.

¡Diputados oficialistas —semilla y raíces—, hay que tomar al toro por los cuernos! No más de lo mismo, no queremos que le den nuestro dinero a los que nos están desplumando. No más subsidio. No queremos chapuces, es decir, suspensión temporal del Impuesto sobre Distribución de Petróleo —IDP—. Existen estudios donde se demuestra que el IDP encarece hasta un 15% o 20% el costo de la gasolina regular y hasta un 8% al diésel; es más, el destino de los fondos recaudados jamás se ha utilizado correctamente —financiamiento de la infraestructura vial—.

Diputados, el IDP es perjudicial para la población, no hay transparencia en el uso de los fondos recaudados, encarece el transporte de productos básicos; entonces, si un impuesto no cumple con los objetivos por los cuales fue creado —beneficiar a la población—, debe ser eliminado inmediatamente.


Arnoldo Soch Tzul

Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.


Comparte



Bipolaridad, más allá de los estigmas

El mayor desafío de este trastorno es que la persona nunca detecta ni identifica lo que le sucede y normaliza los estados de ánimo como algo común.

Crysta Nowell 19 Marzo 2026 12:02
Comparte

Como todos los trastornos que existen, existe poca información; por lo tanto, las personas generan críticas, falsa información, estigmas y prejuicios con personas con esta condición de salud mental. Una parte importante de hablar y aprender del tema es entender que muchas veces el término se utiliza de manera incorrecta para ofender a otras personas o para calificar cambios de humor cotidianos.

El trastorno de bipolaridad es mucho más que un cambio de humor cotidiano y repentino ocasionado por una causa que desencadena enojo. Este trastorno afecta la vida emocional, social y funcional de la persona que lo padece. Se caracteriza por tener trastornos extremos del estado de ánimo, desde episodios de euforia, energía, impulsividad y sensación de grandiosidad, que luego pasan a episodios de depresión, tristeza, desesperanza, pérdida de interés en actividades comunes o cotidianas para la persona.

El mayor desafío de este trastorno es que la persona nunca detecta ni identifica lo que le sucede y normaliza los estados de ánimo como algo común. En muchos casos tardan años en detectar que estos cambios de estado de ánimo no son normales, sobre todo porque pasan largos períodos en cada uno de los episodios. El mayor problema es que, mientras más se tarde en detectar, más complicado y difícil es tratarlo.

La bipolaridad tiene múltiples causas y, con un diagnóstico adecuado determinado por un psicólogo en conjunto con un psiquiatra, se brinda el tratamiento adecuado con medicamentos controlados y terapia que provoca que la persona pueda tener una vida funcional y estable.

La parte más importante es no tener prejuicios ni falsos estigmas hacia personas que padecen este trastorno. Comprender que sus comportamientos no son por hacer un drama o exagerar las cosas, y que, debido a tanta desinformación, existen muchas etiquetas equívocas en contra de la persona que limitan tener una vida normal. La desinformación puede aumentar el sufrimiento de quienes ya enfrentan esta condición. Por ello, recomiendo hablar de bipolaridad con responsabilidad para contribuir a normalizar la búsqueda de ayuda y a reducir el estigma.


Crysta Nowell

Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.


Comparte

OpiniónPsicología

Cuando una conversación toma giros insospechados

Las conversaciones no siempre van hacia donde uno quiere, sino hacia donde encuentran sentido, interés y propósito.

César Pérez Méndez 18 Marzo 2026 19:07
Comparte

En las últimas horas conversé con un profesional de la medicina. Iniciamos hablando de transformación, cambios, innovación y puntos de quiebre en los negocios y en la vida. Una charla con dirección clara, al inicio.

Surgió una frase contundente: “no querras revivir al muerto”, en referencia al pasado. Cuando algo termina, termina. Un ciclo se cierra, un negocio finaliza, una etapa concluye. Insistir en lo que ya no es, solo retrasa lo que puede ser. La clave está en avanzar y abrir nuevos comienzos.

Porque la vida no vive épocas de cambio; vive cambios de época.

Sin embargo, lo más valioso no fue el tema, sino el giro. En algún punto, la conversación dejó de tener un conductor definido. El interlocutor pasó de escuchar a liderar, y lo que devolvía tenía incluso más peso que lo planteado inicialmente.

Ahí entendí algo: las conversaciones no siempre van hacia donde uno quiere, sino hacia donde encuentran sentido, interés y propósito.

Es en esos giros inesperados donde aparecen las verdades más incómodas y necesarias. Donde dejamos de tocar lo superficial y empezamos a profundizar en lo que realmente importa, incluso en aquello que evitamos reconocer.

Conversar no es imponer dirección, es construirla. Y para eso, saber escuchar no es una opción, es una habilidad estratégica.

Gracias, amigo, Dr. Eduardo Chacón, por el intercambio honesto, por las ideas y por recordarme que las mejores conversaciones no son las que controlamos, sino las que nos transforman, porque estamos en construcción.


César Pérez Méndez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.


Comparte



Consideraciones al cierre contable

Existe la creencia popular de que, al no pedir que coloquen NIT a las facturas de compra de bienes o servicios, no queda registro ni huella de la transacción.

Vilma del Rosario Xicará 18 Marzo 2026 17:06
Comparte

Estamos terminando el mes de marzo, por lo que es importante que todas las personas individuales y jurídicas que están inscritas en la Superintendencia de Administración Tributaria como contribuyentes tengan presente que la normativa actual exige la presentación de la declaración anual para pagar el Impuesto Sobre la Renta correspondiente. En este sentido, es importante que antes de declarar se tengan en cuenta algunas consideraciones.

Se debe tomar en cuenta que para realizar la declaración anual y pagar impuestos, antes se tiene que realizar la contabilidad de manera técnica, apegada a la normativa vigente. Esto significa que se deben verificar estos saldos, pero sobre todo ahora que existe más control sobre las operaciones y transacciones, principalmente electrónicas, el ente fiscalizador prácticamente tiene conocimiento y control de todas las operaciones y transacciones.

Además, es importante que todas las operaciones realizadas por medio de los bancos estén también contabilizadas en tiempo y conforme corresponden, ya que en caso contrario no coincidirán los movimientos financieros con las operaciones electrónicas. Para esto, es importante que se tenga buena comunicación y confianza con el contador que lleva los registros, para darle a conocer cada una de las operaciones bancarias y el acceso a los estados de cuenta correspondientes.

Para las personas individuales o en relación de dependencia, existe la creencia popular de que, al no pedir que coloquen NIT a las facturas de compra de bienes o servicios, no queda registro ni huella de la transacción. Sin embargo, esto no es cierto, porque al realizar compras y pagarlas con tarjeta de crédito o débito queda el registro con el operador de la tarjeta, a quien le realizan las retenciones, y entonces su perfil económico de gastos debe coincidir con los ingresos que percibe, y de esta manera evitar ajustes, sanciones o denuncias al ser sujetos de fiscalización.


Vilma del Rosario Xicará

Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.


Comparte

OpiniónAuditoria y Contabilidad

El camino a la Cruz, amor que persevera

El amor verdadero no se detiene ante el sacrificio; persevera aun cuando el costo es alto.

Edwin Ibarra 17 Marzo 2026 12:53
Comparte

Este es el tercer artículo de esta serie especial de recogimiento espiritual, un espacio dedicado a la reflexión profunda, el silencio interior y el fortalecimiento de nuestra vida espiritual. En esta entrega continuamos el camino iniciado, invitando a detenernos, escuchar y renovar nuestro propósito con serenidad y fe.

Cargando la cruz, avanzó con dificultad. Era un camino de dolor físico, pero también de profunda entrega espiritual. Cada paso estaba marcado por el cansancio, la sangre y el rechazo, pero también por una determinación inquebrantable de cumplir la voluntad del Padre.

“Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera”. (Juan 19:17)

Cada paso revelaba la gravedad del pecado humano y, al mismo tiempo, la grandeza de la gracia divina. No fue obligado; caminó porque decidió amar hasta el final. Aquel trayecto, observado por muchos con indiferencia, era en realidad el momento en que Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo.

En ese camino se encuentra el mensaje central del evangelio: Dios no se quedó distante ante el sufrimiento humano, sino que lo asumió para redimirnos. El amor verdadero no se detiene ante el sacrificio; persevera aun cuando el costo es alto.

Preguntas de reflexión:

  1. ¿Qué significa para mí tomar mi propia cruz y seguirle?
  2. ¿Persevero en la fe cuando el camino se vuelve difícil?


Edwin Ibarra

Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.


Comparte

OpiniónReflexión

Ideas irracionales

Oswaldo Soto 14 Marzo 2026 08:00
Comparte

¿Cómo puedo detectar mis ideas irracionales?

Para descubrir las ideas irracionales puede vigilar las generalizaciones en su lenguaje: “todo”, “nada”, “nadie”, “nunca”, “siempre”. Por ejemplo: “nadie me quiere”, “todo sale mal”, “siempre me engañan”. Que hace alusión a un pensamiento polarizado, de todo o nada, como decir “blanco o negro”, sin observar que hay una escala de grises. También puede observar las palabras “debería”, haciendo alusión a que la realidad debe ser como usted imagina que debe ser. Además, puede observar sus adivinaciones del pensamiento ajeno, que luego se catalogan como verdad, para posteriormente atacar al otro. Asimismo, prestar atención al pensamiento catastrófico, que consiste en ver lo negativo e imaginar el peor escenario en el futuro.

Las ideas irracionales son creencias comunes contraproducentes. Se heredan del colectivo desde niños y se siguen aceptando sin cuestionarlas. Por ejemplo, la idea de que: “Es esencial que la gente me quiera y me apruebe, y para ello debo ser totalmente eficaz en todos los aspectos”. Dese cuenta de que no toda la gente le va a querer; siempre habrá alguien a quien le sea desagradable. Como dice el dicho: “Uno no es monedita de oro para caerle bien a todos”. Sin embargo, puede que se desviva por agradar a todas las personas, hacer todo lo posible por ganarse el cariño ajeno y termine consiguiendo lo contrario.

Es imposible agradar a todos, pues si favorece a alguien, desfavorecerá a otro. Pretender el cariño de alguien le hace vulnerable, propenso a que se aprovechen, se burlen y de todos modos le abandonen. Además, es lamentable el esfuerzo que se pierde tratando de conseguir algo imposible.

Otra idea irracional es que existe gente buena y gente mala, y que a las personas malas hay que castigarlas fuertemente. Otra más es que la justicia llegará tarde o temprano y que los que hacen el mal recibirán su castigo. Otra es que lo bueno llegará como que fuera por arte de magia, que solo hay que esperarlo; que si algo malo sucede es por alguna razón. Una más es que el que hace bien termina bien; el que hace mal termina mal. Otra idea es pensar que el tiempo todo lo cura o que los problemas se resuelven solos… y así hay muchas más.

Para poder romper una idea irracional, primero hay que averiguarla. Pero ¿cómo va a descubrirla, si la considera verdadera? Bueno, para ello primero cuestiónese por qué obra de esa manera, que resulta infructífera; luego formule oraciones afirmativas escritas que revelen sus credos. Luego someta esas oraciones a un análisis buscando sustento concreto. Puede pedirle a alguien que las analice y las contradiga para ver hasta qué punto tienen razón.

Otra forma de detectarlas es observando su sufrimiento. Esta idea no encaja con la realidad, no tiene razón, carece de fundamento; sin embargo, la piensa como verdadera, entonces altera sus emociones. Esta opinión errónea le hace sufrir sin motivo, porque no encaja con la realidad. Sufre de frustración, porque la realidad es diferente a como piensa que debería de ser.

Entre más comprenda la irracionalidad de ciertas actitudes, por sus pensamientos, más tranquilidad tendrá y mejor se adaptará a las personas, a la vida y a sí mismo. Le dejo la siguiente frase de Epicteto para que reflexione: “No es lo que sucede, sino lo que te dices de lo que sucede”.


Oswaldo Soto

Psicólogo clínico con más de 25 años de experiencia, docente universitario, escritor de temas de salud mental.


Comparte



Convirtámonos en luz

P. Orlando Pérez 14 Marzo 2026 07:00
Comparte

En (Jn 9, 1-41) se narra la historia de un hombre ciego de nacimiento y que, gracias a Jesús, consigue liberarse de esa ceguera y puede ver la luz. Una vez curado de su ceguera, los vecinos y los fariseos lo interrogan para que describa cómo fue curado de su enfermedad. Los judíos no creían que este hombre hubiera sido sanado, por lo que llaman a los padres del ciego para que ellos dieran fe de que este hombre sí había nacido ciego. Ellos no explican nada, para no meterse en problemas, sino que les responden que le pregunten a él, porque ya es mayor de edad. Finalmente lo echan fuera. Jesús se entera, habla con él, y este hombre termina creyendo que Jesús es el Hijo del hombre. Y Jesús termina diciendo: yo he venido a este mundo para que los ciegos vean, y los que ven, queden ciegos.

Pues ahora es el momento para que cada uno reconozca sus cegueras. No estamos ciegos en sentido literal, pero sí tenemos cegueras que nos impiden ver la luz que es Cristo. Nuestras cegueras pueden ser: la ceguera de la hipocresía, la ceguera de la envidia, la ceguera del resentimiento, la ceguera de la corrupción, la ceguera del dinero, la ceguera de la soberbia, etc. Es importante que cada uno tome conciencia de sus propias cegueras y luego busque ayuda psicológica o sacramental para poder recobrar la visión.

En sentido espiritual, el pecado es la peor ceguera que puede existir. Y Jesús se presenta como la luz del mundo. Él quiere ser luz para nosotros. Y esa luz que es Cristo la podemos encontrar en la lectura de su palabra y en los sacramentos de la reconciliación y de la eucaristía. Debemos revisar nuestra fe, porque puede ser que no creamos en Jesús como la luz del mundo y estemos buscando la luz en brujos y charlatanes.

Una vida espiritual disciplinada, una vida cristiana disciplinada es necesaria para reconocer a Jesús como la luz que yo necesito en mi vida. Somos pecadores. Pero si de verdad queremos convertirnos y caminar por el camino de la luz, debemos dejar a un lado todo lo que nos impida seguir a un Dios que me dice: “yo quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos” (Os 6, 1-6).

Cuando se hace el sacramento del bautismo se enciende una vela; luego se dice a los papás y padrinos: “reciban la luz de Cristo. A ustedes, padres y padrinos, se les confía acrecentar esta luz y que sus hijos caminen como hijos de la luz”. Y nosotros aceptamos esa luz. Pero, como dice el Papa Francisco (Ángelus, 22 de marzo de 2020), “no es suficiente recibir la luz: hay que convertirse en luz”. La Cuaresma es un tiempo para convertirnos en luz. La Cuaresma es un tiempo para dejar atrás nuestras cegueras psicológicas y espirituales y convertirnos en luz para los demás.

San Pablo nos recuerda que “en otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor, son luz. Vivan, por lo tanto, como hijos de la luz. Los frutos de la luz son: bondad, santidad y verdad” (Ef 5, 8-14). Considero que el reto para hombres y mujeres en este tercer milenio es convertirnos en luz desde la vocación y profesión que hemos elegido. Lamentablemente, la ambición y la codicia de algunos hombres hacen que se desaten guerras como las de Rusia y Ucrania y la de Israel con apoyo de Estados Unidos con Irán. El hombre parece que prefiere vivir en tinieblas y no en la luz.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


Comparte



La pared en las maratones y medias maratones

Silvia Morales Paniagua 16 Marzo 2026 13:00
Comparte

Encontré a un grupo de atletas quienes entrenan y se preparan para una de las medias maratones más reconocidas en nuestro país, en donde participan atletas nacionales e internacionales. Recuerdo haber participado en varias ocasiones de esta fiesta deportiva; guardo en mi memoria la primera vez que disfruté de este evento. Como podrán asegurar todos aquellos atletas que han participado en maratones y medias maratones, en el recorrido de la carrera por lo general se experimenta una crisis física y mental denominada “la pared”, instantes en que las fuerzas físicas y mentales decaen y por cuestión de segundos se considera imposible llegar a la meta.

En esa ocasión experimenté ese fenómeno, en donde decayeron mis fuerzas y el deseo de continuar; de pronto, a mi paso encontré un grupo de estudiantes quienes lucían el atuendo característico del lugar, brindando con entusiasmo y energía coros, porras y algarabía, afirmando que desempeñábamos un buen trabajo, que éramos campeones capaces de llegar a la meta, convirtiéndose esta acción en una carga de energía y felicidad para todos los participantes, incluyéndome, cambiando por completo la falsa idea de desistir de alcanzar la meta.

En la Biblia encontramos un pasaje que habla de la carrera de la vida y muchas veces, como en una maratón o media maratón, enfrentamos diversas crisis o esa llamada pared en donde queremos renunciar y decae nuestra fe. Hay dos cosas importantes que debemos aplicar cuando esto sucede: primeramente, en medio de la crisis pon tu mirada en la meta que es Jesús, es decir, activa tu fe; segundo, rodéate de personas que sean tu punto de apoyo e impulsen a alcanzar la meta. ¡Recuerda siempre que en la vida todo tiene sentido!


Silvia Morales Paniagua

Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.


Comparte



Entonces, ¿para qué presentar tachas?

Arnoldo Soch Tzul 12 Marzo 2026 08:00
Comparte

A inicios del presente año —2026— la palabra TACHA la hemos escuchado repetidamente, y esto se debe a que este año en nuestro país se están llevando a cabo elecciones de segundo grado. 

Tomando como referencia una segunda entrada de la palabra TACHA, —según el DLE—, se define como “atribuir a algo o a alguien cierta falta”. — calificar, catalogar, etiquetar, censurar.  Para ser más específico, en Guatemala, es un mecanismo legal —señalamiento, denuncia o impugnación— que puede ser presentada por cualquier persona ante una comisión de postulación; el objetivo básico es demostrar falta de capacidad, idoneidad y honradez de la persona tachada para ocupar un puesto relevante dentro de la administración pública. Por supuesto, deben cumplirse ciertos requisitos para su presentación.

Pero, entonces, ¿para qué presentar tachas si al final del día, la Comisión de Postulación simplemente se hace de la vista gorda —coloquialmente hablando—? Veamos algunos casos concretos:  Roberto Molina Barreto, el eterno magistrado en la Corte de Constitucionalidad, en el año 2018 se presentó como candidato a fiscal general y jefe del MP, en esa ocasión obtuvo más tachas que puntos a su favor, fue tachado por faltas a las cualidades que la misma CPRG pide, es decir, violatorias a los DDHH, no calificó para fiscal general, pero, sí para magistrado de la CC, entonces, las violaciones a los DDHH solo aplican para un cargo, pero, para otros no. ¡Qué ridículo!

Ante el asombro de millones de personas que estuvimos pendientes de las redes sociales, a medianoche del pasado 5 de marzo, cien diputados lo reeligieron para un nuevo período en la CC. Por supuesto, no fue por medio de una Comisión Postuladora, y eso hace más grave el agravio hacia el pueblo. Fue el Congreso de la República —el pueblo ha delegado su poder soberano—, qué manera de ofender al pueblo, qué falta de dignidad de estos cien diputados. No bastaron más de diez horas de exposición de razones, motivos, etc., para no reelegir a este personaje. Inmediatamente —4 días después— la corte celestial le devolvió el favor a los diputados que avalaron la reelección de este magistrado; la CC revocó el amparo que suspendía la elección de Sebastián Siero como presidente de la Anam; la justicia a la orden de los politiqueros. 

Otra vez, las tachas. Esta vez, las tachas están apuntando a la primera aprendiz de dictadora judicial del país, Consuelo Porras. Con amparos y resoluciones a su favor, la CC obligó en el 2022 a la Comisión Postuladora a incluirla en el listado para luego ser reelegida como fiscal general y jefa del mp —así con minúscula—; hoy por hoy, está en su lucha para que la incluyan en la lista de seis candidatos. Las tachas empezaron ayer y sin duda continuarán hoy. En una Comisión de Postulación con criterios básicos de ética y moral, no tendrían por qué perder tiempo para analizar las tachas interpuestas a esta señora aprendiz de dictadora judicial.

A Porras, cuarenta y dos países la catalogan como persona que ha socavado —debilitar, destruir— la democracia en Guatemala; no puede entrar a esos países.  A pesar de tener el presupuesto económico más alto de la historia del MP, no ha sido eficiente ni eficaz en la persecución penal.  Pasó del 14.03% al 6.44% la eficacia de su administración; no ha resuelto casos, casi todos los ha desestimado, perjudicando enormemente al ciudadano. Ha criminalizado a los que se han atrevido a luchar contra la corrupción.  Líderes indígenas, ex fiscales, jueces, periodistas, defensores de DDHH están en la lista. Unos, privados de su libertad; otros, exiliados.  En contubernio con el juez Fredy Orellana, anuló la orden de captura contra Jorge Serrano Elías, otro aprendiz de dictador.

Si la aprendiz de dictadora judicial pasa el filtro de la Comisión Postuladora, estaremos ante un eventual tridente maligno:  destrucción del Estado de derecho, la ruina de la democracia y la dictadura judicial —título de la obra de Allan R. Brewer Carías—.


Arnoldo Soch Tzul

Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.


Comparte