Debatir contra de las ideas irracionales
"La felicidad no es un objetivo, es un estado mental" Albert Ellis.
Antes de iniciar este cuarto artículo de Fluir, Fluir 2, que trata de las ideas racionales y las ideas irracionales, es importante aclarar, cuáles son las primeras y cuáles son las segundas. Es muy importante diferenciarlas y optar por las ideas racionales.
En un artículo presentado por el gabinete de psicología de Madrid, en el año 2013, se hace un contraste entre el pensamiento racional versus el pensamiento irracional. Al primero se le considera como propio del ser humano y de su evolución. La racionalidad es una virtud innata del ser humano que le permite discernir que es mejor en una determinada situación, y lo irracional es lo que no tiene lugar en la razón.
La irracionalidad se identifica con las ideas rígidas y poco realistas, que disparan emociones negativas y respuestas desadaptadas a las diversas situaciones de la vida. Las creencias irracionales están en lo más profundo de la conciencia, forman parte de los valores fundamentales de la persona y de su identidad. Son rígidas y poco realistas.
Se pueden tener ideas irracionales, acerca de uno mismo, acerca de los demás, acerca de la vida y del mundo. Cuando las ideas irracionales se instalan en la mente, generan pensamientos automáticamente negativos, se disparan emociones negativas y expectativas también negativas y la respuesta ante ellas es desadaptativa. En cambio, las ideas racionales son beneficiosas, ayudan a alcanzar metas, a lograr cosas importantes.
Hay muchas técnicas en la terapia cognitiva-conductual, que permiten aprender a racionalizar nuestros pensamientos, pero es necesario preguntarse a sí mismo, si el pensamiento cumple con los siguientes cuatro criterios:
- ¿Es objetivo mi pensamiento?
- ¿Está expresado en un lenguaje flexible?
- ¿Provoca una emoción controlada?
- ¿Es útil?
Si las respuestas a estas preguntas son negativas, hay que llegar a la conclusión de que el pensamiento es irracional y, por lo tanto, se debe descartar y buscar una alternativa racional. Me gustaría compartir con los lectores un decálogo anti-amargura, propuesto por Gustavo Antillano, que se transcribe de manera resumida:
- No te quejes: La gente más fuerte no se queja nunca. Intenta mejorar las cosas, pero no te lamentes porque no tienes lo que deseas.
- Prohibido terribilizar: La terribilitis es la enfermedad del siglo. Consiste en pensar que es el fin del mundo cuando no logramos las cosas.
- Necesitas muy poco para ser feliz: San Francisco de Asís dijo: “Cada día necesito menos cosas, y las pocas que necesito las necesito muy poco”.
- Cuida el diálogo interno: No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que decimos acerca de lo que nos sucede.
- No exijas nada a nadie: Una fuente de problemas es decirte a ti mismo que necesitas, que todo el mundo te trate bien todo el tiempo.
- Cuídate: Ocúpate primero de ti mismo para hacer luego felices a los demás.
- Utiliza el humor y el amor frente a la locura ajena.
- Disfruta en el trabajo: No hagamos las cosas por obligación, disfrutemos de la vida, hagamos todo en clave de diversión.
- Quiérete incondicionalmente: La mejor autoestima está basada en quererse a sí mismo.
- Quiere incondicionalmente a los demás: Cuando alguien hace algo malo es por desconocimiento o locura. En el fondo, el niño que llevan dentro es maravilloso.
Laura Ronquillo
Doctora en Salud Mental y Dinámica Humana, con tres maestrías, Licenciada en Pedagogía, Profesora en Enseñanza Media, escritora de temas de educación, salud mental y psicología, y catedrática universitaria.
Los Judas de los tiempos actuales
Los Judas siempre han existido en la historia de la humanidad y en la historia de la Iglesia. Hay Judas dentro y fuera de la Iglesia, dentro y fuera de las empresas públicas y privadas. Jesús llama a doce hombres para formar su equipo de trabajo, para que sean sus discípulos. Y los llama para que le ayuden a trabajar y a construir el reino de su Padre. Entre los llamados no todos tienen salud mental. Hay varios enfermos, entre ellos Judas Iscariote. Jesús sabía que solo no podía. Estaba consciente de que la construcción del reino de Dios requería del apoyo de otras personas. Por eso dice: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos… Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus inmundos y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero de todos, Simón Pedro y su hermano Andrés; Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Tadeo; Simón el cananeo, y Judas Iscariote, que fue el traidor”, (Mt 9, 36-10, 8). Los envía a buscar a las ovejas perdidas y a proclamar por el camino que ya se acerca el reino de Dios.
Los envía a echar fuera a los demonios que estaban por todas partes, especialmente entre los escribas y fariseos, quienes se consideraban los únicos sanos. Cada uno de estos hombres tenía la oportunidad de colaborar en la construcción del reino de Dios. Pero no todos tenían clara su misión, por lo que no todos aprovecharon esta oportunidad, entre ellos Judas Iscariote. Este hombre tenía un corazón de piedra y una cabeza dura. Era un hombre malo e hipócrita, porque tuvo el descaro de vender a quien lo había llamado a formar parte de su grupo.
¿Tiene usted algún Judas en su empresa, en su tienda, en su familia? ¿Será que hay algunos o algunas Judas dentro de su parroquia? Creo que sí. A los judas modernos hay que identificarlos y tenerlos a la vista. Nunca odiarlos. El saber dónde están nos ayuda a tenerlos a la vista para cuando llegue la justicia divina. Tarde o temprano los traicioneros experimentarán en su propia vida lo que le han dado a la vida. Y no es que uno se los esté deseando, sino que la vida misma se encarga de poner a cada uno en su lugar. Solo es cuestión de tiempo, porque el tiempo tarda, pero no olvida.
Hay un ejemplo de una mujer en el Antiguo Testamento que sale igualito a su madre o, peor creo. Es una tal Atalía, hija de Ajab y Jezabel. Los padres de esta mujer, en vida, habían sido muy malos, y como dice el refrán: “de tal palo tal astilla”. Esta Atalía decide exterminar a toda la familia real, da un golpe de Estado para quedarse ella en el trono. Pero Yehosebá, hija del rey Joram y hermana de Ocozías, tomó a su sobrino Joás y lo escondió en el templo. Años más tarde esta mujer, Atalía, es derrocada, y es ungido Joás como rey del pueblo, (2 Re 11, 1-4. 9-18.20).
Actualmente hay muchas Atalías, es decir, hombres y mujeres malos, que comen el Cuerpo de Cristo, pero en su vida diaria se dedican a desparramar maldad por todas partes. Pero, como dice el refrán: “el que mal hace mal acaba”. No es que Dios castigue, sino que la vida devuelve lo que uno le da. Y si alguien se dedica a hacer daño, tarde o temprano experimentará en su propia vida las consecuencias de sus acciones.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
La integridad como valor y cualidad
La integridad, como valor y cualidad, es sinónimo de bienestar personal y bienestar social. Tenga siempre presente que, en la vida, todo tiene sentido.
Hace unos días estaba observando cómo una compañera de trabajo compartía, en una charla, el valor del silencio. Para ejemplificarlo, realizó un ejercicio que consistía en pasar de mano en mano, entre los estudiantes, un manojo de llaves sin hacer ruido. El reto era que los 120 estudiantes participantes lograran tener en su poder el manojo de llaves en absoluto silencio.
Algunos estudiantes se reían o emitían sonidos que interrumpían el ejercicio. En la tercera oportunidad que les dio, decidí tomar mi celular y grabar el momento. Los estudiantes, al ver que estaban siendo observados a través de un dispositivo y que se evidenciaría si alguien interrumpía el ejercicio, lograron permanecer en silencio y cumplir el reto.
Esta anécdota me hizo reflexionar sobre el valor y la cualidad que tiene una persona para hacer lo correcto en diversas situaciones, aun cuando nadie la esté observando. Es muy fácil hacer lo correcto cuando estamos siendo vistos por alguien; sin embargo, somos una sociedad carente de este valor y cualidad esencial que debe acompañarnos a lo largo de la vida.
Jesús es el máximo ejemplo y modelo de integridad al hacer la voluntad de Dios en su vida. Ser íntegro significa ser honesto, coherente y respetuoso, primeramente con uno mismo y también con las demás personas. En realidad, la integridad no solo demanda honestidad externa, sino que implica tener un corazón y una mente alineados con la voluntad de Dios.
Aplicar la integridad como un valor diario fortalece la autoestima, genera bienestar emocional y propicia la toma de decisiones correctas. A nivel personal, contribuye al crecimiento individual; y, a nivel social, fomenta la confianza y la responsabilidad, construye una sociedad más armoniosa y mejora el ambiente en las relaciones sociales.
La integridad, como valor y cualidad, es sinónimo de bienestar personal y bienestar social. Tenga siempre presente que, en la vida, todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
OpiniónIntegridad
El costo oculto de hacer un trabajo a medias
Esta falta de conciencia sobre el impacto de sus errores y cuando la persona está acostumbrada a que otros resuelvan, es una persona que desarrolla dependencia laboral.
En cualquier organización es normal que existan procesos de revisión, cambios, correcciones y actualizaciones, pero cuando los cambios son debido a que una persona entrega constantemente los trabajos incompletos, con errores o de baja calidad y estos deben ser corregidos por otros, surge la duda del nivel profesional que tiene esta persona.
Desde la psicología organizacional, el profesionalismo no se mide únicamente por los conocimientos técnicos, sino también por los valores de responsabilidad, compromiso, atención al detalle y la capacidad de asumir las consecuencias de sus propias acciones. Cuando una persona tiene que corregir su trabajo, aunque en el fondo el conocimiento técnico sí esté implementado, únicamente indica la mediocridad en el trabajo. Este juicio es muy duro para cualquier profesional, porque la percepción de los demás sobre su desempeño genera desconfianza; con el tiempo esta persona va a dejar de ser tomada en cuenta.
Una persona que corrige estas actitudes y con el tiempo va cambiando bajo las observaciones o las correcciones realizadas, indica que ha sido falta de capacitación o de tiempo para revisar los detalles. Sin embargo, cuando la actitud es contraria y se desentiende de esos errores y se acomoda para que alguien más los revise y los corrija y sigue repitiendo los mismos patrones, es una persona que ha desarrollado una dependencia laboral que limita su crecimiento laboral, lo que se resume a falta de interés por mejorar. Cuando esta actitud se vuelve constante, se pueden deteriorar las relaciones laborales y afecta la credibilidad de la persona sobre su trabajo.
Esta falta de conciencia sobre el impacto de sus errores y cuando la persona está acostumbrada a que otros se la resuelvan, es una persona que desarrolla dependencia laboral y su crecimiento profesional se limita. Desde la inteligencia emocional, asumir esa responsabilidad de aprender, reconocer sus errores, aprender de los mismos y mejorar la calidad de su trabajo es una señal de madurez profesional.
Al final, ser profesional no significa ser perfecto. Significa hacerse cargo de la calidad de lo que se entrega, aprender de los errores y respetar el tiempo y esfuerzo de quienes trabajan junto a nosotros. Porque el verdadero profesional no es quien nunca se equivoca, sino quien no espera que los demás arreglen constantemente lo que le corresponde hacer.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
La experiencia mundialista
Destaco tres elementos que he visto: orden, seguridad y espectáculo. Desde el traslado de Nueva York hacia el MetLife Stadium, en Nueva Jersey, hasta el ingreso al recinto.
Asistir a la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha sido una de las experiencias más extraordinarias y gratificantes de mi vida. La considero una bendición, no solo por la oportunidad de presenciar partidos de primer nivel, sino por vivir de cerca la fiesta deportiva más importante del planeta.
Durante estos días he tenido la oportunidad de asistir al encuentro entre Brasil y Marruecos, que terminó empatado 1-1, y al partido entre Francia y Senegal, en el que los franceses se impusieron 3-1. Más allá de los resultados, lo impresionante es el ambiente que se vive dentro y fuera de los estadios, donde miles de aficionados de diferentes países comparten una misma pasión.
Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es la organización. Estados Unidos ha demostrado una capacidad extraordinaria para desarrollar un evento de esta magnitud. Destaco tres elementos que he visto: orden, seguridad y espectáculo. Desde el traslado de Nueva York hacia el MetLife Stadium, en Nueva Jersey, hasta el ingreso al recinto, todo está cuidadosamente planificado. Existen múltiples controles de seguridad que garantizan una experiencia tranquila para los asistentes.
También es admirable cómo cada partido se convierte en un espectáculo completo. La música, la animación, la tecnología y la energía de los aficionados hacen que la experiencia vaya mucho más allá de los 90 minutos de juego.
El Mundial no es solamente futbol. Es cultura, convivencia, emoción y aprendizaje. Es la oportunidad de observar cómo un evento deportivo puede unir a miles de personas de diferentes nacionalidades bajo un mismo sentimiento. Vivirlo en primera persona ha sido un privilegio que guardaré para siempre entre los recuerdos más valiosos de mi vida.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
OpiniónMundial 2026
Privatización e inseguridad en el Complejo Deportivo
El último fin de semana, varios niños que se encontraban jugando en la cancha de futbol (de manera individual, no en equipo) fueron retirados por guardianes del lugar.
El Complejo Deportivo de Quetzaltenango debe ser un espacio público destinado a promover el deporte en niños, jóvenes y adultos, brindando instalaciones adecuadas, seguras y accesibles. Sin embargo, es importante que se den a conocer diversas situaciones que generan preocupación.
El último fin de semana, varios niños que se encontraban jugando en la cancha de futbol (de manera individual, no en equipo) fueron retirados por guardianes del lugar, indicándoles que no podían permanecer en esa área; al preguntar las razones de esta restricción, indicaron que desconocían el motivo, pero que esa era la instrucción que tenían. Lo anterior resulta difícil de comprender, ya que no es posible que en un espacio en donde ningún equipo estaba practicando en ese momento, los niños sean limitados para practicar la actividad para la cual fueron construidas estas instalaciones.
A ello se suma otra situación, porque áreas destinadas a diferentes disciplinas permanecen ocupadas en horarios ordinarios por entrenadores que imparten clases privadas con el respaldo de las asociaciones deportivas. Esto sí debe estar prohibido, ya que se debe garantizar que los espacios públicos no se conviertan en escenarios de aprovechamiento o lucro personal, limitando el acceso de la población en general, limitando el derecho de uso de quienes sostienen estas instalaciones mediante recursos públicos.
También preocupa la falta de criterios uniformes para la supervisión de las normas de convivencia, pues mientras se prohíbe a niños jugar futbol en la cancha, se permitió que una persona adulta permaneciera sobre la pista de atletismo tomando el sol en ropa interior, sin ninguna intervención por parte de los guardianes, pese a la presencia constante de menores de edad.
Estas restricciones y poca seguridad obligan a los padres de familia a pagar en canchas, gimnasios e instalaciones privadas para la práctica de deporte de sus hijos, privatizando de esta manera la práctica de deportes.
Vilma del Rosario Xicará
Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.
OpiniónComplejo Deportivo
El valor silencioso de un padre
Hoy honremos a los padres que aman en silencio, que perseveran con valentía y que reflejan, con sus imperfecciones y esfuerzos, destellos del amor.
En el Día del Padre solemos reconocer su esfuerzo y sacrificio, pero pocas veces hablamos de esas virtudes silenciosas que sostienen hogares enteros. Son los hombres que cargan preocupaciones sin compartirlas, que renuncian a sueños personales para abrir caminos a sus hijos, que velan en silencio por la seguridad de su familia y encuentran fuerzas aun cuando están cansados.
Un padre muchas veces ama sin esperar reconocimiento. Su presencia constante, sus consejos oportunos y su capacidad de permanecer firme en medio de las dificultades son expresiones de un amor profundo que rara vez recibe aplausos.
Estas cualidades reflejan, en parte, el corazón de nuestro Padre celestial. Dios también cuida, protege y provee aun cuando no siempre percibimos su obra. Como declara la Escritura: “Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de quienes le temen” (Salmo 103:13, NVI). Asimismo, Jesús nos recuerda el amor generoso de Dios al decir: “Si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!” (Mateo 7:11, NVI).
Hoy honremos a los padres que aman en silencio, que perseveran con valentía y que reflejan, con sus imperfecciones y esfuerzos, destellos del amor fiel de nuestro Padre celestial. Su legado no siempre se mide en palabras, sino en vidas transformadas por su ejemplo.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónDía del Padre
Cuerpo y Sangre de Cristo
En el Antiguo Testamento, Moisés le dice al pueblo: “recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba… él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná”, (Dt 8, 2-3. 14-16).
En el camino de la vida también se experimentan diferentes situaciones, unas positivas y otras negativas. No todo es color de rosa en la vida. Y la mejor comida no es el maná que comió el pueblo de Israel; el mejor alimento es el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo. Pero para creer que en realidad es el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es indispensable tener fe. El Cuerpo y Sangre de Cristo tendrá efectos positivos si la fe que tengo es robusta. El Cuerpo y Sangre de Cristo es la mejor comida que los viajeros cristianos pueden llevar consigo para cuando tengan hambre.
Este Cuerpo y Sangre de Cristo lo comen buenos y malos. Es decir que, si un cristiano come el Cuerpo y Sangre de Cristo en pecado, pues está tragando su propia condenación. Entonces, al que come el Cuerpo y Sangre de Cristo en la Eucaristía, se le debe notar en su vida ordinaria. Tiene que haber coherencia entre lo que come y su modo de vida.
La solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo es una fiesta para expresar nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino, (MF 56). Jesús se hace presente de una manera sacramental en cada Eucaristía. En su presencia eucarística permanece misteriosamente en medio de nosotros como quien nos amó y se entregó por nosotros.
La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento no se conoce por los sentidos, sino solo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios, (Santo Tomás de Aquino). Lo que se tiene que hacer es reconocer a Jesús en la Eucaristía por medio de una fe profunda. Jesús dice de sí mismo: “yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”, (Jn 6, 51-58).
¿Qué tan grande es mi fe para creer realmente que Jesús se hace presente en cada Eucaristía? Si la fe es enamorarnos cada día más de Cristo, y Cristo se hace presente en cada Eucaristía, entonces lo que tenemos que hacer es enamorarnos de este sacramento en donde Jesús se hace presente.
Si de verdad somos cristianos, debemos participar en la misa mínimo los domingos. Es una obligación. Si no sentimos en nuestra vida esa necesidad de venir a misa y comulgar, hay que preocuparse, porque algo nos está pasando. Si al participar en la Eucaristía no sentimos nada, entonces vana es nuestra fe.
En el Antiguo Testamento se inmolaban novillos en honor del Señor. Y esa sangre era derramada sobre el altar, (Ex 24, 3-8). En el Nuevo Testamento, según la carta a los hebreos (9, 11-15), es la propia sangre de Cristo la que se derrama para nuestra salvación. Bien lo decía San Carlo Acutis: “La Eucaristía es la autopista para llegar al cielo”.
Mientras tenga vida, no desperdicie la oportunidad de comer el Cuerpo y Sangre de Cristo cuantas veces pueda. No se olvide también de visitarlo en el sagrario, porque ahí está él para decirle que le ama sin medida.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
La comodidad se convierte en costumbre
Qué inofensiva puede parecer la palabra “después”. Se vuelve constante el postergar decisiones, iniciar un proyecto, mejorar un hábito, darle continuidad a tu trabajo o hacer mejoras en el servicio que ofreces.
La comodidad ofrece seguridad, tranquilidad, requiere menos esfuerzo y se vuelve una pausa constante que evita enfrentarnos a la incertidumbre del cambio. También es cierto que necesitamos esos momentos de descanso y estabilidad, pero, al volverse permanente, el “después” empieza a transformar:
• Después termino mi trabajo.
• Después hago ejercicio.
• Después voy al doctor.
• Después empiezo mi proyecto.
• Después envío mis propuestas.
• Después me inscribo en un curso.
• Después ordeno mi ropa.
• Después cuido mi arreglo personal.
Cada vez que eliges “después”, la probabilidad de que la oportunidad regrese o se repita es muy baja, quizá nula. Y mientras más postergas, el después se convierte en nunca.
¿Has sentido que tus sueños desaparecen? Mientras esperas que el momento sea perfecto, los sueños no desaparecen, se apagan. La vida cambia cuando decides hacer las cosas con intención, con fe, valentía y entusiasmo, avanzando un paso a la vez, pero desarrollando tus ideas, sueños y objetivos, dándoles prioridad y orden a lo que deseas lograr.
Isaías 41:10: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”.
¿Qué parte de tu vida estás dejando para “después” y cuánto tiempo estás dispuesto a seguir esperando para actuar? Recuerda que, en los pequeños detalles, está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
Anticonceptivos y sexualidad: ¿aliados o enemigos del placer?
Algunos estudios sugieren que entre un 10% y un 20% de las mujeres que utilizan anticonceptivos hormonales experimentan sensación de sequedad vaginal.
La conversación sobre anticoncepción se ha centrado principalmente en la prevención del embarazo. Sin embargo, pocas veces hablamos de un aspecto igual de importante: su impacto en la sexualidad femenina. ¿Los anticonceptivos mejoran o empeoran el deseo sexual? ¿Influyen en la lubricación vaginal? ¿Afectan la satisfacción sexual de la mujer? La respuesta no es simple, porque la sexualidad femenina está influenciada por factores hormonales, emocionales, relacionales y sociales. Sin embargo, la evidencia científica actual nos permite comprender mejor algunos de estos efectos.
El deseo sexual es una de las áreas más estudiadas. Un metaanálisis publicado en The European Journal of Contraception & Reproductive Health Care encontró que aproximadamente el 15% de las mujeres usuarias de anticonceptivos hormonales reportan una disminución del deseo sexual, mientras que cerca del 22% describen una mejoría y la mayoría no experimenta cambios significativos.
Esto demuestra que la respuesta es altamente individual. Los anticonceptivos hormonales combinados pueden disminuir los niveles de testosterona libre circulante debido al aumento de la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG). Esta es una de las explicaciones fisiológicas propuestas para la disminución del deseo en algunas usuarias. La lubricación vaginal también puede verse influenciada por los cambios hormonales. Algunos estudios sugieren que entre un 10% y un 20% de las mujeres que utilizan anticonceptivos hormonales experimentan sensación de sequedad vaginal.
Esta situación puede provocar molestias durante las relaciones sexuales y afectar indirectamente la satisfacción sexual. Existen alternativas terapéuticas y diferentes métodos anticonceptivos que permiten individualizar el manejo de cada paciente. Por otro lado, la anticoncepción también puede mejorar significativamente la vida sexual. Una encuesta realizada en más de 7 mil mujeres por el proyecto CHOICE de Estados Unidos encontró que las usuarias de métodos de larga duración, como el implante subdérmico y los dispositivos intrauterinos hormonales, reportaban mayores niveles de satisfacción sexual. La explicación parece sencilla: al reducir el miedo al embarazo no planificado, muchas mujeres experimentan mayor libertad, espontaneidad y disfrute durante sus relaciones.
Es importante recordar que no existe un anticonceptivo perfecto para todas. Lo que mejora la sexualidad de una mujer puede afectar negativamente a otra. Por ello, la elección del método debe incluir una conversación abierta sobre salud sexual, expectativas y calidad de vida.
Sara María Mendoza G.
Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.
OpiniónSexología
















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