"Estabas preciosa vestida de nada" (cuento)

José J. Guzmán 19 Enero 2024 19:03
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Inspirado en la novela "Contigo en la distancia" de Carla Guelfenbein; el poema "La poesía jamás te olvidará" de Elvira Sastre y la canción "Perdimos el control" de Nacho Vegas.

ANTES DEL FIN DE SEMANA

Los saludos cordiales duraban ya 15 días. Su número había llegado a mi teléfono en una de esas reuniones apresuradas en las que dos excompañeros de secundaria fingen tener poco tiempo para saludarse en un centro comercial y se despiden aún más apresurados. Durante esas dos semanas, solo nos enviamos mensajes por WhatsApp de “buenos días” y “buenas noches”, un “todo bien” y un “espero que tu jornada sea exitosa”.

El martes por la noche, la ansiedad me golpeó el pecho luego de sugerirle que nos viéramos para poder conversar. Eran las 6:15 de la noche cuando se lo pregunté y fueron las 8:33 cuando vio el mensaje. Por un momento pensé que, erróneamente, había roto una distancia adecuada; que había sido malagradecido con su cortesía, cuando ella se tomaba el tiempo para responderme; que, en todo caso, le había faltado el respeto queriendo traspasar su espacio personal cuando ella tan solo por educación me había dado su número.

Me dejó en visto.

Confiado ya en mi derrota, consideré que lo mejor era olvidarme del caso y salir por donde había entrado. Sin embargo, el jueves por la mañana me respondió un extenso texto en donde me contaba de sus días, que ella llamaba "las correderas de la vida", y que por eso no me había contestado.

En su respuesta me habló de su matrimonio, del pequeño Javier de cinco años que ya estaba en la escuela, me habló de sus quehaceres domésticos, de que no tenía nada que ponerse para un viaje de fin de semana en el que iban a asistir, lejos, a la graduación de maestría de un primo de su esposo. También me dijo que no tenía ganas de ir. Me habló del menú que haría para el almuerzo, de que estaba viendo una serie y al final del mensaje: “Si no voy a la graduación, con gusto nos vemos”.

VIERNES

No fue a la graduación. Es más, luego de conversar con su esposo, me dijo que acordaron que ella se quedara en casa, pero en verdad, tendría todo el fin de semana: desde el viernes al mediodía, hasta el domingo por la tarde, para ella sola.

Era la mujer más hermosa del mundo cuando la vi entrar al café. Se vistió simple, con tenis, pantalón azul y una blusa amarilla que resaltaban las almendras que tenía por ojos. Vestida como para ir de viaje.
El 50 por ciento del éxito de cualquier relación, ya sea personal, empresarial o académica, le corresponde a la empatía. Ella y yo sentimos simpatía por el otro. Tanta empatía, que al descubrir la recién iniciada tarde del viernes decidimos viajar a una playa a algunos kilómetros de allí y disfrutar el fin de semana juntos hasta que fuera el domingo por la tarde.

La tarde era fresca cuando llegamos y ella aprovechó para disfrutarlo en una sesión rápida de bronceado. Le pregunté si su esposo notaría el cambio en su color de piel, tomando en cuenta que supuestamente ella estaba en su casa.

—Ya sé qué le voy a decir —me dijo.

Por la noche recorrimos las calles a la orilla del indómito mar, comimos, bailamos, bebimos y poco a poco nos convertimos en unos confidentes inocentes que tenían tanto para contarse.

Rendidos al fin de la fiesta. Nos sentamos en una banqueta y su autoridad tomó el control de la noche.

—¿Con cuántas mujeres has estado? —Me preguntó mientras encendía un cigarro.

Le mentí respondiéndole que era virgen. Se atascó con el humo y sonrió ligeramente. Nos quedamos en silencio por un momento.

—¿Y tú? —Le pregunté.

—Solo con tres —me dijo —. Mi primer hombre fue mi esposo.

Interesado en ese secreto que suponía el acto de la infidelidad, le pregunté por los otros dos.

El segundo fue un desconocido de acento extranjero la noche de su despedida de soltera y el tercero, el día de su boda, con el mejor amigo de su esposo, en algún momento entre la bendición del sacerdote en la iglesia y el brindis antes de la cena.

—Pobres —dijo—, pronto los dos serán socios.

Esa noche dormimos juntos en el hotel. Tal como lo imaginaba, su piel denotaba el mando que su madurez tenía en el mundo.

SÁBADO

Disfrutamos del mar y del sol. Cuando llegó la tarde, su bronceado era evidente y le pregunté si estaba segura de que tendría una excusa para el domingo por la noche.

—Ya sé qué le voy a decir —me dijo.

La duda me asaltó, como asaltan todas las dudas, a partir de los recuerdos. Me recordaba lo que decía mi catecismo de Primera Comunión: "Nunca con la mujer de tu prójimo" y caí en cuenta, hasta entonces, de que estábamos en un lugar peligroso, frente a la vista de todos, guiándonos por el camino de la infidelidad, totalmente indefensos.

La tarde la aprovechamos para compartir una botella de vino en un restaurante con una vista impresionante de la dimensión de la naturaleza.

Fue entonces cuando me contó que había aceptado verme porque estaba cansada de su matrimonio. Me contó que se casó muy joven y que su papel siempre había sido el de ponerse bonita para los amigos de su esposo.

—Yo soy como la medalla más importante que él ha ganado, solo eso. —dijo.

Me contó que él no la embarazó durante 10 años por el miedo a que su objeto más preciado perdiera la forma que le daba enviada a sus amigos. Me contó que ella tenía que sonreír en las reuniones sociales y nunca bajar la vista. Mostrarse indomable, lejana a todos, irresistible, pero al llegar a casa volvía a ocupar su lugar como cualquier cosa de la sala mientras él se concentraba en sus negocios. Me contó del pequeño Javier, que lo amaba, que ese hijo había nacido no planificado una noche en la que él quiso desestresarse de estar mucho tiempo en la gloria de su empresa.

Me contó que al pequeño le gustaba el mar, tanto como a ella. Y luego suspiró. Cuando cayó la noche, se puso a llorar, finalmente con su alma vestida de nada, nos abrazamos y caminamos otro poco.

Esa noche cada quien ocupó su cuarto en el hotel.

DOMINGO

Su color de piel era otro. El bronceado ya era de tres días, pero ella parecía confiada en su respuesta: “Ya sé qué le voy a decir”.

La mañana la aprovechamos para acudir a los mercados y a uno que otro museo donde exponían especies marinas. En fin, estábamos distrayéndonos para lo inevitable: la llegada del domingo por la tarde.
Cuando fuimos conscientes de la caída de la hora, finalmente me dijo:

—Hay veces que mi esposo me parece tan similar a los otros dos, no tiene nada de especial.

La observé con ternura y entonces descubrí que yo había sido como una huida a sus jornadas, a la que, en pocas horas, inevitablemente, debería volver.

—En verdad, no quiero regresar —confesó con la vista puesta en el lejano horizonte del tiempo que poco a poco dejaba de pertenecernos.

Sin embargo, la hora llegó. La despedí y ella se subió en el bus de turistas que la llevaría de regreso a su realidad.

Nos observamos a través de la ventana, creyendo quizá, como el final de una película de amor, que yo subiría a rescatarla o ella bajaría para abrazarme y fugarnos finalmente rumbo a la felicidad.

Pero nuestra mirada era otra, una que anunciaba que ninguno de los dos se atrevió a hablar de un futuro juntos y que aquello solo había sido una aventura de la que salimos bien librados: Ella regresaría a ser la mujer más hermosa del mundo para los amigos de su esposo y a contarle al pequeño Javier a través de un cuento para niños lo que vivió a la orilla del mar y yo estaría feliz de no haberme atravesado con el filo del cuchillo de su marido, rebanándome la garganta, dirigido por sus celos.

Recuerdo su última mirada, y la sonrisa temblorosa con la que finalmente me despidió: era una niña asustada y entonces, caí en cuenta de que ella no tenía ninguna respuesta para explicar su bronceado y que esa noche del domingo ella daría el mensaje más contundente y genuino de sus 15 años de matrimonio a través del nuevo color de su piel.

El bus arrancó, y mientras terminaba ese corto fin de semana, comenzaba el olvido más largo de nuestras vidas.


José J. Guzmán

José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).


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El que se ama es feliz

P. Orlando Pérez 31 Octubre 2026 07:00
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Como se sabe, la ley judía tenía 613 mandamientos, por lo que es lógico que, en Mt 22, 34-40, un doctor de la ley le pregunte a Jesús cuál de esos mandamientos es el más importante. Y Jesús le responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. El segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,4). La práctica de la verticalidad y horizontalidad del amor depende del amor a uno mismo. Es imposible amar a Dios y al prójimo si no nos amamos. Estoy consciente de que el amor es un don de Dios, es una virtud teologal, es decir, Dios nos da el amor de forma gratuita. Pero si en mí hay demasiado odio y envidia, el amor no puede producir buenos frutos.

La manera de demostrar que amamos a Dios con el corazón, alma y mente es amarnos, amar a los otros, a los próximos, a los que de alguna manera comparten su vida conmigo. El verdadero amor a Dios se refleja en el modo en que amamos, cuidamos y nos preocupamos de los demás. El amor a Dios se expresa en el respeto por el otro, en la obediencia mutua y en una caridad constante. Por eso, San Juan de la Cruz dice que “en el ocaso de la vida seremos examinados en el amor”. La vida se nos es dada para que amemos. El día que en la sociedad y en la Iglesia los hombres y las mujeres nos amemos más, habrá más felicidad. Si usted ama, es feliz. Si usted odia, es infeliz. Hagamos realidad este deseo de Cristo en donde estemos todos los días.

Cuando de verdad se ama, entonces no se hace sufrir a nadie. Cuando realmente amamos, no se explota ni oprime a nadie. Todos estamos invitados a convertirnos en instrumentos de amor y nunca en instrumentos de sufrimiento, opresión y explotación. El mundo está lleno de sufrimiento, opresión y explotación porque sus líderes no lo aman. No hay que olvidar que toda acción tiene una consecuencia: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero... no explotes a las viudas y a los huérfanos… mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos” (Ex 22, 20-26). Dios se da cuenta de nuestras maldades y tarde o temprano pagaremos las consecuencias de nuestras acciones. Recordemos que el que mal hace, mal acaba.

Cuando en una comunidad cristiana sus miembros se aman, esa comunidad se convierte en ejemplo de vida para las demás. La comunidad de Tesalónica había imitado el ejemplo de vida de Jesucristo y de Pablo, había aceptado la palabra de Dios, había llegado a ser ejemplo de vida para los creyentes de Macedonia y Acaya y, por eso, Pablo la alaba (1Tes 1, 5-10).

Toda comunidad humana está invitada a convertirse en modelo de amor y de entrega para las demás. Es lamentable que muchas comunidades cristianas no amen a Dios, sino que amen sus propios intereses. Aman a sus imágenes, aman al dinero y a las cosas materiales. Invierten grandes cantidades de dinero en contratar a grupos musicales en honor a sus patronos, pero su vida dice otra cosa y nada tiene que ver con las virtudes de sus patronos.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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El que se ama es feliz

P. Orlando Pérez 31 Octubre 2026 07:00
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Como se sabe, la ley judía tenía 613 mandamientos, por lo que es lógico que, en Mt 22, 34-40, un doctor de la ley le pregunte a Jesús cuál de esos mandamientos es el más importante. Y Jesús le responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. El segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,4). La práctica de la verticalidad y horizontalidad del amor depende del amor a uno mismo. Es imposible amar a Dios y al prójimo si no nos amamos. Estoy consciente de que el amor es un don de Dios, es una virtud teologal, es decir, Dios nos da el amor de forma gratuita. Pero si en mí hay demasiado odio y envidia, el amor no puede producir buenos frutos.

La manera de demostrar que amamos a Dios con el corazón, alma y mente es amarnos, amar a los otros, a los próximos, a los que de alguna manera comparten su vida conmigo. El verdadero amor a Dios se refleja en el modo en que amamos, cuidamos y nos preocupamos de los demás. El amor a Dios se expresa en el respeto por el otro, en la obediencia mutua y en una caridad constante. Por eso, San Juan de la Cruz dice que “en el ocaso de la vida seremos examinados en el amor”. La vida se nos es dada para que amemos. El día que en la sociedad y en la Iglesia los hombres y las mujeres nos amemos más, habrá más felicidad. Si usted ama, es feliz. Si usted odia, es infeliz. Hagamos realidad este deseo de Cristo en donde estemos todos los días.

Cuando de verdad se ama, entonces no se hace sufrir a nadie. Cuando realmente amamos, no se explota ni oprime a nadie. Todos estamos invitados a convertirnos en instrumentos de amor y nunca en instrumentos de sufrimiento, opresión y explotación. El mundo está lleno de sufrimiento, opresión y explotación porque sus líderes no lo aman. No hay que olvidar que toda acción tiene una consecuencia: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero... no explotes a las viudas y a los huérfanos… mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos” (Ex 22, 20-26). Dios se da cuenta de nuestras maldades y tarde o temprano pagaremos las consecuencias de nuestras acciones. Recordemos que el que mal hace, mal acaba.

Cuando en una comunidad cristiana sus miembros se aman, esa comunidad se convierte en ejemplo de vida para las demás. La comunidad de Tesalónica había imitado el ejemplo de vida de Jesucristo y de Pablo, había aceptado la palabra de Dios, había llegado a ser ejemplo de vida para los creyentes de Macedonia y Acaya y, por eso, Pablo la alaba (1Tes 1, 5-10).

Toda comunidad humana está invitada a convertirse en modelo de amor y de entrega para las demás. Es lamentable que muchas comunidades cristianas no amen a Dios, sino que amen sus propios intereses. Aman a sus imágenes, aman al dinero y a las cosas materiales. Invierten grandes cantidades de dinero en contratar a grupos musicales en honor a sus patronos, pero su vida dice otra cosa y nada tiene que ver con las virtudes de sus patronos.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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Obstáculos externos para practicar deporte

La cercanía con la terminal de buses y el mercado ha generado una dinámica complicada, las ventas se han extendido casi hasta la entrada del Complejo.

Vilma del Rosario Xicará 30 Octubre 2026 15:40
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El Complejo Deportivo de Quetzaltenango debería ser un espacio de encuentro, salud y formación para la niñez, juventud y atletas de nuestro municipio. Sin embargo, llegar a sus instalaciones se ha convertido, cada día, en una carrera de obstáculos que poco tiene que ver con el deporte.

La cercanía con la terminal de buses y el mercado ha generado una dinámica complicada, las ventas se han extendido casi hasta la entrada del Complejo, reduciendo el espacio peatonal y creando condiciones inseguras para quienes ingresan o salen; a ello se suma que buses y microbuses permanecen detenidos esperando pasaje sobre la vía contigua a la acera del complejo, dejándola prácticamente inutilizable.

Como consecuencia, la circulación se concentra en una sola vía, la ubicada a la par del arriate, esta permanece congestionada durante buena parte del día, y los conductores difícilmente ceden el paso a los vehículos que intentan salir del parqueo del complejo deportivo. Varios atletas no logran ingresar con facilidad, mientras que niños y adolescentes deben descender de los vehículos y buses en medio del tráfico para caminar hasta la entrada, esa situación representa un riesgo que no debería normalizarse.

El problema se agrava con el gran agujero en el asfalto de la única vía libre, parece un cráter y resulta difícil esquivarlo, pues el carril contiguo suele estar ocupado por los buses; esta avenida no tiene muchos años de haber sido asfaltada, por lo que su deterioro obliga a cuestionar la calidad de la obra y la falta de mantenimiento oportuno.

Las autoridades municipales, de tránsito y quienes administran el entorno comercial deben coordinar soluciones reales: ordenar las paradas de transporte, respetar los accesos, recuperar la acera y reparar de inmediato la carpeta asfáltica. El Complejo Deportivo merece accesos seguros, fluidos y dignos para quienes llegan a entrenar, competir y utilizar sus instalaciones.


Vilma del Rosario Xicará

Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.


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OpiniónDeporte

Obesidad, sobrepeso y su impacto en nuestra vida sexual

Es importante consultar a tiempo para evitar entrar en un cuadro de disfunción sexual, por no atender tempranamente algunos síntomas que podamos presentar.

Sara María Mendoza G. 30 Octubre 2026 12:38
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¿Alguna vez hemos pensado que el sobrepeso puede afectar algo más que nuestra salud cardiovascular, nuestras articulaciones o nuestros niveles de glucosa? También puede influir en nuestra vida sexual, en la manera en que nos relacionamos con nuestro cuerpo y, especialmente, en cómo disfrutamos de la intimidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó que, en 2025, aproximadamente 2,800 millones de adultos vivían con sobrepeso y, de ellos, 940 millones tenían obesidad. Esto representa al 45% de la población adulta mundial con sobrepeso y al 16% con obesidad. Son cifras que nos invitan a mirar esta condición más allá de la estética: estamos frente a un importante problema de salud pública.

La obesidad puede alterar el equilibrio metabólico y hormonal, favorecer la resistencia a la insulina, afectar la circulación sanguínea y aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Todos estos factores pueden repercutir en la respuesta sexual.  En las mujeres, pueden presentarse alteraciones del ciclo menstrual, dificultades en la ovulación, cambios hormonales y, en algunas circunstancias, disminución del deseo sexual. En los hombres, la obesidad se relaciona con mayor riesgo de disfunción eréctil, alteraciones metabólicas y disminución de los niveles de testosterona.

Sin embargo, hay una dimensión que pocas veces abordamos en la consulta: la emocional.  El sobrepeso puede modificar la percepción que tenemos de nuestro cuerpo. Algunas personas sienten vergüenza al desvestirse, evitan los encuentros íntimos, temen ser juzgadas o dejan de sentirse atractivas. A esto se suma el cansancio, la ansiedad, la depresión y el estigma social. Poco a poco, la intimidad puede convertirse en un espacio de inseguridad en lugar de ser un espacio de conexión y placer.

Y aquí quiero detenerme en algo importante: el deseo sexual no desaparece por tener sobrepeso, ni la belleza, la sensualidad o el derecho al placer dependen de una talla. No debemos confundir una condición médica con el valor de una persona. La sexualidad es una expresión integral de nuestra salud. Requiere bienestar físico, emocional, confianza, comunicación y libertad. Por eso, cuando hablamos de tratar la obesidad, también debemos hablar de recuperar calidad de vida, movilidad, autoestima y bienestar sexual. Es importante consultar a tiempo para evitar entrar en un cuadro de disfunción sexual, por no atender tempranamente algunos síntomas que podamos presentar.


 


Sara María Mendoza G.

Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.


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OpiniónSexualidad

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

P. Orlando Pérez 24 Octubre 2026 07:00
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El pasado domingo 18 de octubre de 2026 se celebró en la Iglesia la Jornada Mundial de las Misiones. Y este año el papa León dice: “Para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026, que marca el centenario de esta celebración, instituida por Pío XI y tan querida por la Iglesia, he elegido el tema Uno en Cristo, unidos en la misión. Después del Año jubilar, deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza”.

Estas ideas del papa León nos invitan a reflexionar sobre el papel que estamos desempeñando en la misión que se nos ha encomendado desde el bautismo, tanto consagrados como laicos. Cada uno pregúntese: ¿cuáles son mis motivaciones profundas para trabajar por el reino de Dios? ¿Qué me motiva? ¿Qué me mueve? ¿Me mueve el poder, el prestigio, la fama, el dinero? Reflexionemos sobre nuestras motivaciones.

En Is 45, 1. 4-6, el Señor le habla a Ciro: “Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre… para que todos sepan que no hay otro Dios fuera de mí”. La motivación para estar en la Iglesia y ser Iglesia es personal. Dios me ha llamado para ser misionero en mi familia, en mi grupo, en mi comunidad. Y el que me debe motivar a evangelizar es Dios mismo. Todo hay que hacerlo por él y para Él.

Dios nos ha elegido para ser sus discípulos. Pero ¿qué tipo de misionero soy? ¿Soy como los fariseos que aprovechan sus reuniones para tramar trampas en contra de Jesús? Dice el Evangelio de hoy: “Se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo” (Mt 22, 15-21). Nosotros no desperdiciemos el tiempo en estar planeando trampas para hacer caer a nuestros hermanos. Aprovechemos ese espacio para evangelizar, para aconsejar, para hacer obras de caridad.

Los verdaderos misioneros tenemos que estar atentos siempre para darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Ya san Agustín de Hipona afirmaba: “El César busca su imagen, dénsela. Dios busca la suya: devuélvansela”. El César es el Estado. Hay que darle al Estado lo que es del Estado: pagar impuestos y cumplir las leyes fiscales.

Hay que darle a Dios lo que es de Dios: practicar los sacramentos y los diez mandamientos. Hay que hacer oración y hacer obras de caridad. Los cristianos tenemos la responsabilidad de ser “buenos cristianos y honrados ciudadanos” (San Juan Bosco).

Es decir, el Estado y la Iglesia son diferentes, puesto que nuestra misión es diferente. Ellos deben cumplir su responsabilidad de velar siempre por el bien común, garantizar la vida desde la concepción hasta la muerte natural, etc. Y nosotros tenemos que hacer bien lo que nos corresponde a través del trabajo que hacemos todos los días. Cuando un político se aparta de Dios, entonces surge el robo, la avaricia y la corrupción. Cuando dentro de la Iglesia nuestra prioridad no es Dios, sino otras cosas, nos convertimos en cristianos falsos.

Que Dios ilumine para que todos integremos a Dios a nuestra vida y que nuestras acciones coincidan con la fe que profesamos.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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De espantos y aparecidos

Ocupémonos de los aparecidos de cada cuatro años, que requieren de nuestra atención.

Claudia Yomara Mazariegos Soto 30 Octubre 2026 08:33
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Con el tema de esta semana nos alejamos un poco del análisis de la ciudad que queremos o deseamos, para adentramos al Realismo Mágico de esta sociedad que espera un milagro en momentos de desesperanza, tema idóneo de estos días de espantos y aparecidos.

Estaba pensando en hablar de las almas del purgatorio y como ayudarlas a seguir su camino o hablar de los espantos vivos los que aparecen cada cuatro años y que desaparecen de repente cuando los ciudadanos más los necesitan.

Hay que dejar a los muertos que no requieren de nuestra preocupación, hagamos una oración y dejémoslos descansar en paz, ocupémonos de los aparecidos de cada cuatro años, que requieren de nuestra atención, es momento de analizar, investigar e indagar a cada uno de los que se van presentando con sus mejores argumentos.

Cuidado con los espejos y regalitos que se dan en esta temporada, al igual que con las promesas que no se cumplen, hay que ver al aparecido que se preocupa por su sociedad, pero que no cree tener todas las soluciones para los problemas de la comunidad. Hay que ver más lejos con el que le interesa lo que piensa y siente el pueblo y le pone atención.

Y mucha atención con las catrinas que bailan al son que les tocan, y dejan solitarios los espacios cuando les molesta la luz que los dirige. No permitan que les endulcen los oídos, como esos dulces que se regalan en este tiempo, efímeros y que pueden hacer daño, cuidado con las intenciones que llevan.

Una sugerencia hay que llevar una candelita para las animas benditas y que Dios nos agarre confesados cuando tengamos que decidir, mientras tanto saboreemos de un buen fiambre y degustemos del mucún en dulce, disfrutando de la familia y de nuestras tradiciones.


Claudia Yomara Mazariegos Soto


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OpiniónGuatemala

En Guatemala los jóvenes decidirán el futuro del país. Parte I

Arnoldo Soch Tzul 29 Octubre 2026 07:00
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En las últimas semanas, en el país han venido pasando cosas fuera de lo común, lamentablemente casi todas relacionadas con acciones violentas y en el contexto político. Definitivamente, estas acciones y/o prácticas, en teoría, eran parte del pasado oscuro que vivió nuestro país; sin embargo, la triste realidad es que no. Aún hay grupos y, al parecer, se están reorganizando para sembrar temor con el fin de que la ciudadanía que desea cambios profundos para vivir mejor deje de hablar, de pronunciarse y exigir.

Sin embargo, como se ven las cosas, a las “instituciones” políticas —partidos políticos— que conviven en Guatemala no les interesa en absoluto abordar temas que debieron de haber sido legislados desde hace más de 50 años y, para colmo, en el Congreso de la República hay diputados que llevan más de 20 años “legislando” más de lo mismo. Pero, al final de cuentas, ¿quién es el responsable de que los mismos de hace 25 o 50 años sigan en el Congreso de la República?

Los guatemaltecos hemos tenido ejemplos de cómo se deben afrontar los problemas sociales, políticos y económicos sin violencia, utilizando la herramienta silenciosa y más efectiva: el voto en las urnas. Bolivia, Ecuador, México, Argentina en el pasado reciente y Brasil hace apenas unas horas han hecho cosas inéditas para decirles a los corruptos y fascistas: este país nos pertenece, nosotros vamos a decidir y trabajar por lo más sagrado que pueda existir, la paz y la libertad. Los jóvenes hicieron lo impensable en Brasil: se unieron bajo un solo objetivo y, con las herramientas tecnológicas bajo el brazo, remontaron el resultado del balotaje de la primera vuelta. Reitero, según los analistas, fue algo extraordinario. Pregunto: ¿nosotros y los jóvenes de Guatemala podremos hacer lo mismo?

El padrón electoral del TSE —actualizado el 22/10/2026, 10:00 p. m.— registra a 10 millones 287 mil 319 ciudadanos empadronados. A mi parecer, es un poco más del 50 % del total de habitantes —no hay censo de población reciente—. De este total, el 54 % son mujeres y el resto, hombres; sin embargo, lamentablemente, de ese 54 %, el 21 % de las mujeres son analfabetas, es decir, 1 millón 170 mil 305 mujeres no saben leer ni escribir. Por eso digo: a los políticos que tienen más de 20 años vociferando cosas absurdas en el Congreso no les ha importado que las mujeres se alfabeticen porque no les conviene políticamente. En el caso de los hombres, representamos el 46 % del padrón electoral, pero el 12 % es analfabeto, es decir, 577 mil 576; en total, hay 1 millón 747 mil 881 personas que están a merced de los politiqueros ofreciéndoles el oro y el moro, incluso repitiendo lo que desde hace más de siete décadas han venido diciendo: “Así se vota”. Para ponerle la tapa al pomo, les indico: las personas analfabetas son indígenas y pobres.

Pero no todo está perdido, tenemos una esperanza y esa se llama juventud: hombres y mujeres que deben dar el paso al frente. Sí o sí, los jóvenes deben abanderar esta noble causa; ellos decidirán el futuro de este país. Resulta que en el padrón electoral se registran 2 millones 208 mil 106 mujeres entre las edades de 18 a 35 años; en el caso de los hombres, hay 4 millones 43 mil 32. Eso implica que el total de jóvenes entre 18 y 35 años de edad es de 6 millones 251 mil 138. Jóvenes —hombres y mujeres o mujeres y hombres—, ustedes representan el 61 % del padrón electoral; si mal no recuerdo, esto es algo inédito en nuestro país.

“Adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta”. Aristóteles


Arnoldo Soch Tzul

Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.


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Apego evitativo: querer a alguien también puede dar miedo

El apego evitativo nos recuerda que alejarse no significa no sentir, sino que la persona no sabe cómo sentir y aceptar esas emociones.

Crysta Nowell 29 Octubre 2026 11:16
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Relacionarse con otras personas siempre es proceso complejo, porque se debe conocer y comprender a la otra parte, sin embargo, cada vez se vuelve más complicado darle explicación a la actitud que puedan tomar las otras personas. Últimamente ha surgido la duda de por qué cuando se conoce a una persona demuestra una actitud independiente, fría, poco expresiva o empiezan a distanciarse sin explicación alguna. Detrás de alguna de esas conductas existe un patrón conocido como apego evitativo, y simplemente es una forma de relacionarse donde se le dificulta la conexión emocional.

El apego evitativo se relaciona con construir relaciones con vínculos evitativos, donde se prioriza la independencia, se minimizan las prioridades de la otra persona, se minimizan las emociones propias y las de la otra persona, se sienten incómodos y la dependencia emocional les inquieta.

El apego evitativo proviene del vínculo, las experiencias emocionales y las relaciones durante su vida, este suele asociarse con minimizar el contacto emocional para no sentirse incómodos con otras personas, incluso cuando estas personas empiezan a sentir afecto o a identificarse con otras personas. Las personas con apego evitativo temen demostrar vulnerabilidad y es por ello que alejarse es la solución más inmediata.

Las experiencias de la infancia pueden influir en la vida adulta, pero este se manifiesta sobre todo cuando se intenta desarrollar una vida en pareja. El apego evitativo se manifiesta con distanciamiento, cuando la persona empieza a tener sentimientos por la otra persona, por ello, evita o se desaparece cuando es momento de tener conversaciones sentimentales.

Esto no significa que las personas con este patrón sean incapaces de amar, pueden sentir cariño y desear relaciones estables, pero les incomoda exponerse sentimentalmente, por eso sienten amenazas sobre su libertad, y es por ello que manifiesta indiferencia.

Es importante entender que no todas las personas que se alejan cuando están conociendo a una persona tienen apego evitativo, lo importante es evaluar si el patrón de esta persona coincide o únicamente necesita espacio por otras razones.

Las personas con apego evitativo sí pueden cambiar, iniciando con reconocer y evaluar si con estos patrones manifiestan apego evitativo. Para cambiar es recomendable buscar apoyo profesional que le ayude a aprender a expresar sus emociones gradualmente, comunicar con claridad lo que le sucede y sobre todo practicar la confianza. La psicoterapia puede ofrecer herramientas para comprenderlo y desarrollar de forma segura la habilidad de relacionarse.

El apego evitativo nos recuerda que alejarse no significa no sentir, sino que la persona no sabe cómo sentir y aceptar esas emociones. Querer aprender a acercarse emocionalmente a una persona que de verdad les importa también es parte de saber cómo construir relaciones saludables.


Crysta Nowell

Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.


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OpiniónPsicología

Otra mirada a la vida

El respeto mutuo, la convivencia armoniosa, la preservación de las tradiciones y el aprendizaje entre culturas comienzan cuando escuchamos sin prejuicios.

Luis Felipe Polo 27 Octubre 2026 11:23
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Guatemala ocupa un lugar muy especial en mi vida. Mi relación con este país, que se ha mantenido a lo largo de los años, me ha permitido conocer de cerca la cultura de los pueblos mayas. He participado en ceremonias espirituales y celebraciones del Año Nuevo Maya, y he conversado con guías espirituales que me ayudaron a descubrir otras maneras de comprender la existencia. Lo que más me impresiona es la profundidad de su espiritualidad. Detrás de cada ceremonia y de cada expresión de respeto hacia la naturaleza encuentro una visión del mundo que no siempre resulta fácil comprender desde nuestras propias creencias.

En la cosmovisión maya, aunque existen diferencias entre comunidades y tradiciones, el ser humano, la naturaleza, el tiempo y el universo están profundamente relacionados. La espiritualidad forma parte de la vida cotidiana. También la relación con los antepasados invita a reflexionar sobre la vida, la muerte y aquello que permanece después de nosotros. Hace algunos años, fui conferencista en el III Congreso Internacional sobre el Pop Wuj, donde abordé los derechos indígenas desde la cosmovisión maya. Aquella experiencia reafirmó una convicción que mantengo hasta hoy: para respetar a un pueblo debemos comprender cómo interpreta el mundo.

El respeto mutuo, la convivencia armoniosa, la preservación de las tradiciones y el aprendizaje entre culturas comienzan cuando escuchamos sin prejuicios y reconocemos que ninguna civilización posee todas las respuestas. A menudo observamos las costumbres ajenas con curiosidad, pero también desde nuestras certezas. Nos cuesta aceptar que otras personas puedan comprender de manera diferente el tiempo, la naturaleza o la espiritualidad. No necesitamos compartir las mismas creencias para respetarlas. Necesitamos humildad para escuchar y disposición para aprender, comprender otras maneras de entender la vida también nos ayuda a comprender mejor la nuestra.


 


Luis Felipe Polo


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OpiniónGuatemala