Algo pesado corría sobre el techo de la casa (cuento)
.
Guiada por su intuición, Lupita decidió volver al pueblo donde una vez fue niña. Tenía la corazonada de que para liberarse, ahora de adulta, de la persecución del Güin, debía confrontarlo cara a cara. Resolvió hacerlo porque tres veces un sueño recurrente la atormentó en noches imprevisibles. En ese mundo onírico, revivía la madrugada del velorio de su abuela. Tenía apenas cuatro años y su madre la acostó en la cama de la habitación donde, horas antes, la pariente que ahora le parecía tan lejana había dejado el plano terrenal. A un lado, en la sala, un grupo de señoras rezaban un rosario de cuerpo presente que poco a poco la sumió en un húmedo letargo. Ya estando en el estado de duermevela, entre la vigilia y el sueño, un extraño animal levantó la lámina de zinc del cuarto y la observó con sus ojos enormes.
La intuición no era nada nuevo para ella; era, en realidad, su fiel compañera de vida. Como psicoterapeuta, se había inclinado al estudio de la metafísica como una terapia personal y de autoconocimiento para tratar los dolores emocionales de sus pacientes. Confiaba en su intuición más que en lo aprendido en las aulas, incluso más de lo que había aprendido leyendo a Freud, a Jung y a Adler. Sin necesidad de ver el reloj, su intuición le dictaba la hora exacta del día, sabía de qué iba a tratar esa llamada que entraba entre sesiones, cuál era el diagnóstico de su paciente, cuál su dolor espiritual y cuál el tratamiento, todo sin necesidad de usar el intelecto.
Sí, era apenas una niña cuando el Güin se le apareció. Recordaba ese mes de marzo. Su madre la sacó de la escuela entre llantos, jalandola del brazo y gritando: ≪¡Está muerta, está muerta, tu abuela está muerta!≫. Luego, tenía imágenes del trayecto en el bus de parrilla; de su madre dándole un manojo de flores para que las pusiera en sus rodillas mientras emprendían el viaje a la costa sur de Guatemala.
Cuando llegaron al pueblo, que sólo visitaban para la noche de Nochevieja, los familiares y conocidos ya estaban reunidos envueltos en el sopor del velorio. Recordaba las calles de tierra, el centro del poblado donde se vendían huevos de iguana, el tanque de agua donde las señoras lavaban, y a su par, la gran casa de madera de su abuela, el cuerpo en el féretro, las enormes velas de muerto que intensificaban los calores nocturnos y humanos, y la gigantesca carpa instalada en la calle donde las sillas se amontonaban, sin ningún orden específico, esperando más dolientes.
Fue también la primera vez que, quizá, su intuición la visitó, porque mientras la oscuridad avanzaba, supo que el velorio no terminaría pronto y que toda esa gente amanecería allí contando anécdotas y chistes sobre la fallecida hasta que fuera hora de irse al camposanto. Fue entonces cuando le dijo a su madre que estaba cansada, y ella la acomodó en la cama donde su abuela había fallecido esa misma mañana de marzo. La niña se quedó medio dormida, protegida por un mosquitero, mientras sudaba la mala hora previa a su desgracia.
Cuando empezó a entrar en el estado de duermevela, sucedió:
Escuchó cómo algo pesado corría, a gran velocidad, sobre el techo de la casa. Era muy rápido, en verdad era veloz y pesado. Al abrir los ojos, descubrió cómo las láminas se doblaban por la gravedad de lo que sucedía arriba. Era un sonido que, supo, no era de este mundo, porque le provocaba una sensación extraña de no pertenecer, por un momento, a la realidad. La presencia de esa cosa era tan fuerte que pensó que caería en la habitación. Pero, al contrario, hubo un silencio pasajero que la estremeció antes de la fatalidad: a los pocos segundos, una mano peluda, de humano pero con garras de perro, levantó la lámina aflojando los clavos de la madera donde se sostenía, y vio a un perro grande, viejo y babeante, mirándola con sus ojos rojos y puntiagudos mientras le ofrecía una sonrisa gigantesca que dejaba ver sus colmillos.
Lupita salió corriendo del cuarto y, al pasar, volcó una candela. Las rezadoras parecían ajenas a lo que había ocurrido hasta cuando ya estaba sucediendo lo fatal. El vestido de encaje que llevaba pronto agarró las llamas, y su cuerpo se vio envuelto en fuego, quemándole la pierna derecha y dejándole una cicatriz para siempre, un morado que creció con ella, hasta ahora, en el año de sus 33 años.
≪¡Me asustó!≫, gritaba entre el fuego. ≪¡Me asustó!, ¡hay un animal en ese cuarto!≫, decía, mientras las rezadoras intentaban quitarle el vestido e iban corriendo por agua al tanque público al lado de la casa.
Si algo recordaba muy bien, ahora que regresaba al pueblo, era la certeza de que una quemadura duele más cuando sucede en la costa. Se había quemado muchas veces en la vida, pero ninguna le dolió tanto como aquella noche y en los días siguientes, durante las novenas, cuando tenía que meter la pierna al tanque para sentir un poco de alivio.
Aún no había amanecido cuando le aplicaron ungüento, y esta vez su madre decidió acompañarla en la cama para que pudiera dormir unos momentos. Sin embargo, no pudo. El ardor era insoportable. Observaba entre las ranuras de las tablas de las paredes de madera a los hombres del velorio, sentados en las sillas, con las camisetas levantadas sobre el ombligo, abanicándose y tomando cerveza. ≪Se le apareció el Güin a la pequeña≫, decía uno.
Y fue esa misma madrugada, en la que la pasó asustada y delirante por el dolor que escuchó la historia entre las conversaciones de los señores, que a cualquiera le hubieran parecido murmullos, a todos, menos a ella:
—El Güin es un hombre malo que tiene la capacidad de convertirse en perro a voluntad. Se sube a los techos de las casas para causar alboroto y se roba a las gallinas.
Escuchó que había que atraparlo y azotarlo para que dejara de hacer alboroto; escuchó, también, que una vez castigado se convertía en hombre y salía huyendo, aunque siempre regresaba por temporadas.
Aquel pasaje de su infancia desapareció en de su vida, hasta cuando, exhausta después de atender a su último paciente un viernes por la noche, regresó a su casa en la ciudad y se quedó profundamente dormida en el sillón mientras veía una película. Ese episodio de sus cuatro años, volvió en sueños por tres veces.
Los ojos estaban presentes, imborrables cada noche en los que el proceso de alienación se instauró en su alma, hasta hacerle perder la virtud de estar en medio de las coordenadas de la tierra. Dejó de atender en el consultorio una semana antes de haber esperando a que llegara la genuina inspiración de la intuición. A que le dictara lo que debía hacer, y de hecho, fue su fe en ella la que le dijo que debía regresar al pueblo donde una vez fue niña, al cual no había vuelto desde hace una década, cuando su madre falleció. Regresaría a la vieja casa de su abuela que recibió como herencia, y dormir en la misma cama, que seguramente permanecía intacta, encapsulando el tiempo de otras eras, para intentar, por fin, quedarse dormida y, en medio del estado de duermevela, volver a tener contacto con él.
Pero, en efecto, ya era otro tiempo y otro pueblo. Las casas de madera y lámina se habían cambiado por casas de block con terraza, y en lugar de tiendas y cantinas alumbradas al anochecer con velas y focos amarillos, ahora había locales de ventas de cosas pirateadas, ropa americana y artículos de plástico que la alejaban del recuerdo nostálgico de su infancia. Pero había algo extraño, demasiado extraño: los locales, aunque abiertos, estaban vacíos. Las calles estaban vacías, y un maldito aroma le recordaba la presencia de la muerte, ese olor que sus pacientes suicidas llevaban cuando ambos sabían que sería la última vez que se verían, y que la terapia no había funcionado, no porque su intuición fallara, sino porque en verdad ya no había nada que hacer.
Recorrió las mismas calles hasta llegar al centro de la ciudad, donde las luces de neón de feria de dos o tres casetas esperaban a sus dueños como si aquello fuera un pueblo fantasma. Tenía sed, pero nadie servía la horchata; tenía calor, y la humedad de las cuatro de la tarde le golpeaba la cara con un tierno beso que la envolvía en el sudor de una aventura que le parecía extraña. ≪Seguiré soñando≫, dijo, pero el golpe de la realidad activó el mecanismo de su consciencia cuando apareció un grupo de niños descalzos saliendo de entre las champas improvisadas del mercado municipal, corriendo y tratando de desenredar una soga. ≪Apresurémonos≫, dijo uno de ellos, y ella corrió tras ellos para preguntarles dónde estaban los demás.
—Es que lo agarraron —dijo otro—, agarraron al ladrón de gallinas.
—Lo quieren amarrar a un poste en el campo de fútbol —gritó a la distancia el más pequeño.
Lupita supo entonces que el encuentro estaba cerca. No se había equivocado: algo estaba ocurriendo en este pueblo, y ella había regresado para rendir cuentas, para saber, por fin, y conocer la forma humana de quien la llamaba en sueños.
Persiguió a los niños hasta llegar al campo de fútbol, y encontró a la multitud en círculo y en el centro reconoció una figura humana demacrada, golpeada, y con la boca empapada en sangre, pidiendo perdón.
El bullicio era ensordecedor, pero se distinguían las constantes palabras ≪ladrón, ladrón, ladrón≫. Mientras Lupita se abría paso entre la multitud, sintió cómo la mirada de alguien conocido se posaba en ella.
Lupita avanzaba entre la muchedumbre con firmeza, sintiendo que cada paso la acercaba no solo a su destino físico, sino a una culminación inevitable. Algo en su interior parecía estar ajustando cuentas, y gracias a sus estudios de metafísica, comprendía que el universo estaba alineándose justo para este momento.
Al llegar al frente de la multitud, lo vio. No hubo dudas en ella. Estaba sentado y hundido en las alucinaciones de sus golpes. Aquellos ojos inyectados en sangre eran los mismos que la miraron cuando era una niña. Lupita se sintió libre, inspirada, completamente humana. Con voz clara y firme, señaló: ≪Él fue... él fue...≫, mientras se bajaba el pantalón beige, mostrando la quemadura que aún marcaba su piel. ≪Hay que prenderle fuego por lo que me hizo≫, sentenció.
La turba, como movida por el instinto primitivo, desechó la idea de amarrarlo a un poste y roció gasolina sobre el hombre. Uno de los ancianos, con su autoridad sobre las cosas del pueblo, fue quien le prendió fuego con un mechero. El ladrón, envuelto en llamas, corrió por todo el campo de fútbol, gritando de dolor, tratando con fuerza humana, pero también sin esperanza, arrancar su carne mientras su cuerpo ardía. Los minutos transcurrieron lentamente, hasta que su figura, envuelta en el umbral entre lo vivo y lo muerto, colapsó en el centro del campo. Lo que quedó de él no era más que un pedazo de carbón. El olor le recordó a Lupita el de su propio vestido quemado tantos años atrás.
La multitud se dispersó sin hacerle preguntas, como si el acto de justicia fuera tan natural que no necesita explicación. Nadie parecía reconocerla, y ella ya no conocía a nadie. Sintiéndose invadida por la nostalgia, decidió regresar a la casa de su abuela.
En una banqueta, una vecina anciana, flaca y encorvada estaba sentada recibiendo el último rayo de sol del día. La última vez que Lupita la vio, era una señora de apenas 50 años muy gorda. Fue la única que la reconoció:
—Vaya, que vino a ver su casita —dijo la mujer, mientras la noche empezaba a caer—. Hoy quemaron a un loco.
—Lo sé, lo fui a ver. Me hizo tanto daño —respondió Lupita.
—¿Acaso lo conocía?
—Demasiado bien —dijo entre un suspiro aliviado.
Exhausta, entró en la casa y descubrió que todo seguía igual. Las fotos familiares, los recuerdos de viajes a la costa, el calor envolvente de tiempos pasados y sobre todo la lámina abollada del cuarto de su abuela, y la cama en la que cayó rendida, finalmente libre del espasmo de su infancia. Mientras se estaba quedando dormida, algo pesado comenzó a correr sobre las láminas del techo. Atemorizada, Lupita se cubrió la cara con las sábanas, incapaz de reunir el valor para mirar.
Al día siguiente, con la luz del amanecer, decidió ir al tanque público a lavarse la cara. Allí, vio una colonia de gatos paseando por el lugar y bebiendo del tanque. La vecina se le acercó y le dijo:
—Vaya, que vino a ver su casita, tengo muchas cosas que decirle. Sus láminas ya están muy viejas, es por los gatos. Pasan por el tejado para venir a tomar agua al tanque.
De pronto, todo cobró sentido. A Lupita nunca se le apareció Güin cuando era niña. Lo que vio fue un gato que transitaba por el tejado para llegar al tanque. Su mente infantil, escuchando las historias de los hombres sobre el Güin, transformó al inocente gato que la vio asustado entre las grietas en el monstruo que la aterrorizó durante los sueños.
Pero lo más cruel fue darse cuenta de que aquel ladrón de gallinas, castigado, pero que quizá no merecía morir, había sido quemado vivo por su culpa. La cicatriz que ella mostró no había sido infligida por él, sino por una historia que, ahora lo entendía, su mente de niña había malinterpretado. Entendió que su abuela estaba muerta, su madre estaba muerta, sencillamente muertas, y que los tres sueños, solo habían sido eso, sueños.
Comprendió, entre su desdicha, que su intuición la había traicionado.
SEGUNDO LUGAR EN CUENTO CORTO, CERTAMEN DE LITERATURA, ARTE Y CULTURA GUATEPAZ 2024.
José J. Guzmán
José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).
OpiniónLiteratura
La vigencia de la Biblia en los desafíos del siglo XXI
Permanecer fieles a la Palabra de Dios nunca ha sido el camino más fácil, pero siempre será el más seguro.
A propósito de la celebración del mes de la Biblia en Guatemala, compartiremos durante este mes, reflexiones al respecto.
Vivimos en una generación donde las verdades parecen negociarse y los principios cambian al ritmo de las tendencias. Lo que ayer era incuestionable, hoy es objeto de debate; lo que antes era un valor, ahora suele calificarse como una opinión. En este escenario de incertidumbre moral, la Biblia continúa levantándose como una voz firme, vigente y necesaria.
Su mensaje no ha perdido actualidad porque no fue escrito para una época específica, sino para toda la humanidad. Isaías 40:8 lo expresa con absoluta claridad: «Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre». Las ideologías pasan, las culturas evolucionan y los sistemas cambian, pero la verdad de Dios permanece inalterable.
Para quienes dirigen empresas, ejercen una profesión o influyen en la sociedad, la presión por adaptarse a la corriente dominante es constante. Sin embargo, el liderazgo auténtico no consiste en seguir la opinión mayoritaria, sino en sostener convicciones que resistan el paso del tiempo. Jesús declaró: «Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad» (Juan 17:17). Esa verdad sigue siendo el mejor fundamento para tomar decisiones con integridad, administrar con justicia y servir con propósito.
El siglo XXI no necesita líderes que acomoden sus principios para ganar aceptación, sino hombres y mujeres que vivan con coherencia entre su fe y sus acciones. La Escritura nos desafía: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12:2). Este llamado no invita al aislamiento, sino a ejercer una influencia que transforme la cultura desde los valores del Reino de Dios.
La Biblia no es un libro del pasado; es la brújula que orienta el presente y prepara el futuro. Cuando las modas ideológicas se desvanezcan, sus principios seguirán siendo el fundamento de familias sólidas, empresas íntegras y sociedades más justas. Permanecer fieles a la Palabra de Dios nunca ha sido el camino más fácil, pero siempre será el más seguro.
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónReflexión
¿Cuándo fue la última vez que hiciste un inventario de ti?
Con frecuencia llevamos un registro de los pendientes, actividades, responsabilidades, cuentas por pagar y todo aquello que realizamos en nuestro día. Si eres dueño de un negocio, tienes a tu alcance un inventario del material que utilizas, de los productos que vendes o de las tareas que tienes a cargo; sin embargo, hacer un inventario de nuestras fortalezas, cualidades y habilidades quizá sea un ejercicio que no practicamos con la misma frecuencia.
Tómate unos minutos con intención para descubrir lo que ya vive en ti, lo que te define y forma parte de tu esencia. Conocerte es uno de los mayores actos de amor propio. En coaching hay diferentes herramientas que se pueden aplicar. Te comparto un ejercicio que te ayudará con tu inventario personal:
· Escribe 5 cualidades: se caracterizan por ser esa huella que dejas en otras personas; son los rasgos que influyen en cómo piensas, cómo actúas y cómo te relacionas con los demás.
· Escribe 5 valores: estos son aquellos que funcionan como una brújula que orienta tu camino y tus decisiones.
· Escribe 5 habilidades: representan todo aquello que has aprendido, que sigues perfeccionando con el paso del tiempo.
· Escribe 5 fortalezas: son la evidencia de las veces que has sido capaz de levantarte, aun cuando pensabas que no podías hacerlo.
Reconoce las herramientas que ya tienes; te ayudarán a enfrentar los desafíos con mayor confianza, descubriendo que muchas de las respuestas que buscabas afuera siempre estuvieron dentro de ti.
Haz de este inventario un hábito, celebra tus logros y descubre nuevas capacidades que impulsan el ser extraordinario que hay en ti. Recuerda que, en los pequeños detalles, está el poder de tu imagen.
Carol Contreras
Coach de Imagen
Confía en los procesos
La vida del ser humano está sometida a una gran cantidad de procesos. Algunos de ellos son vitales para garantizar el buen funcionamiento del organismo. Por ejemplo, una buena nutrición proporciona la energía y los nutrientes necesarios que garantizan el crecimiento y funcionamiento de los tejidos. Así podría hacer mención de otros procesos, como la respiración, la circulación y la reproducción, esto a nivel fisiológico; sin embargo, existen procesos a nivel espiritual que tienen como objetivo acrecentar esta área en la vida del ser humano.
Traía a la memoria la historia bíblica de aquella mujer estéril llamada Sara, a quien Dios le había prometido que iba a tener un hijo. Sara, ansiosa por darle un heredero a Abraham, ofrece a su esposo una sierva para tener descendencia, lo que al final se convirtió en un inconveniente. Cabe destacar que la desesperación y la impaciencia los hicieron cometer un error muy grande. Para defensa de la mujer, creo que el error fue colaborativo, porque el esposo, ni lento ni perezoso, se prestó para llevar a cabo aquella idea. El punto crucial de esta historia es entender que esta pareja de esposos estaba sometida a un proceso para acrecentar su fe y perseverancia. Al final de la historia, pese a las dificultades, Sara es recordada como una heroína y su historia inspira hoy en día a muchas mujeres.
Para obtener resultados exitosos debemos comprender la importancia de los procesos. Es sustancial recordar que la vida tiene una secuencia de pasos, los cuales están organizados y relacionados entre sí para lograr un resultado específico en cualquier ámbito. Por consiguiente, debemos ser respetuosos del orden y del tiempo que requieran, porque, de lo contrario, los resultados podrían tornarse adversos o no deseados.
Así que te dejo esta frase: «Confía en los procesos» y recuerda que en la vida todo tiene sentido.
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
En Panamá es todo o nada para Xelajú MC
El número seguro mágico, según torneos similares anteriores, es el 9, o sea tres victorias de cuatro partidos.
El próximo martes 11 de agosto será el segundo partido de cuatro, en la fase de grupos de la Copa Centroamericana. Ya los Chivos solventaron el primero en Costa Rica el miércoles pasado, donde casi obtenían el empate, pero, desafortunadamente, una desconcentración les quitó el empate que ya tenían en las manos, 15 minutos antes de finalizar. Como reza aquel dicho: "lo hecho, hecho está y ya es pasado", entonces tenemos que pensar a futuro de cómo recuperarse y buscar la clasificación a la siguiente fase.
El número seguro mágico, según torneos similares anteriores, es el 9, o sea tres victorias de cuatro partidos. En algunas ocasiones que se han dado más empates de lo normal, en algunos grupos, han clasificado con siete puntos, equivalente de cuatro partidos se vale una pérdida, un empate y dos victorias, no importa sean locales o visitantes los equipos. Este pequeño análisis nos dicta que el margen de error del Xelajú MC es casi "0". Nos indica que si en el presupuesto estaba perder un partido de los cuatro, este ya sucedió con Liga Deportiva Alajuelense, entonces los siguientes tres partidos de cuatro que son, solo nos queda ganar o, si la suerte nos acompaña, quizá un empate y dos victorias, pero sería una posibilidad algo "remota".
El cuadro lanudo quedó subcampeón en la versión anterior y se quedaron con la "espinita" de haber quedado campeones de Centroamérica, un cetro que también lo perdieron en la final de 1982; en esa oportunidad, frente al Real España de Honduras, lograron su primer subtítulo del istmo. Al haber quedado eliminados del Torneo de Copa en Guatemala, solo les queda pelear por la Copa Centroamericana y la Liga Nacional, que también quedaron subcampeones, coincidentemente.
Imaginémonos un escenario en donde Xelajú MC perdiera en Panamá, aparte de ser un fracaso deportivo, sino económico para los dirigentes; ya perdiendo en el país canalero, sería de balde o de más jugar los dos últimos partidos en la capital de "local". ¿Por qué? ¿Quién llegaría a Guatemala, si ya no hay posibilidades de nada? Sería un fracaso total, porque ni se obtendría lo del alquiler del Estadio La Pedrera. Entonces, como dicta el título de este artículo, en Panamá es el "todo o nada" para el equipo lanudo, se jugarán la vida en una cancha de visita y en una liga que da sorpresas, aunque los mejores jugadores panameños están en diversas ligas del mundo, superando los 104 jugadores como legionarios en las mejores ligas del mundo. Entonces significa que los mejores jugadores panameños están afuera y, por ende, la liga de este vecino país es de muchos jóvenes que salen ya con aspiraciones a salir de su país y, por ende, al conformar parte de esa liga, la vuelven competitiva en la región.
En conclusión, el partido en Panamá este 11 de agosto será el todo o nada para Xelajú MC. Esperemos que ya se hayan conjuntado mejor y que pasen ese primer paso de tres victorias, para lograr el objetivo. A los jugadores también les ayuda, porque cada partido, cuando juegan, es una vitrina. ¿Cuántos países, aparte de Guatemala, no ven estos partidos? Son demasiados en audiencia; entonces sus valores en el mercado también crecen, si saben aprovechar esta vitrina.
Hugo Siliezar López
OpiniónXelajú MC
Concédeme un corazón sabio y prudente
El gran rey Salomón, en el Antiguo Testamento, pide sabiduría para poder gobernar al pueblo de Israel: «Te pido me concedas sabiduría de corazón, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal» (Reyes 3, 5-13). Y el Señor le concede lo que le pide. Le da un corazón sabio y prudente.
Considero que todos los políticos necesitan sabiduría para gobernar a quienes los han puesto en los puestos que tienen. Políticos, pidan sabiduría a Dios para poder hacer un gobierno de excelencia que les permita trabajar siempre por la justicia y el bien común de todos los guatemaltecos.
Pero también los líderes religiosos necesitamos sabiduría para poder orientar y guiar a los fieles por el camino que conduce al reino de Dios. Los retos que nos plantea el mundo son complejos y diversos, por lo que siempre vamos a necesitar sabiduría para poder tomar decisiones sabias que nos permitan caminar en comunión, participación y misión.
Los padres de familia necesitan sabiduría para gobernar a sus hijos. Los hijos necesitan sabiduría para saber distinguir entre lo que les conviene y no les conviene. Los esposos necesitan sabiduría para gobernar su matrimonio, para que no se vaya a la ruina. Todos en la Iglesia necesitamos sabiduría para gobernar, según la voluntad de Dios, a las comunidades que tenemos bajo nuestra responsabilidad.
Los laicos, en general, para poder anunciar el reino de Dios en sus vidas, necesitan sabiduría, más que tesoros y perlas del mundo. Digo esto porque el mundo nos hace creer que lo que necesitamos son tesoros y perlas materiales para poder caminar en este camino de la vida. Para poder ser buen trigo en este mundo, lo que se necesita es una buena dosis de sabiduría.
Los cristianos, la mejor perla que tenemos es Cristo mismo. Él es nuestro tesoro más preciado. En el Evangelio, Jesús nos habla del reino de Dios a través de tres parábolas. La primera parábola compara el reino de Dios con un tesoro escondido, cuya condición para adquirir ese tesoro es vender todo lo que se tiene para comprar ese terreno. La segunda parábola afirma que el reino de Dios se parece a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra. Y la tercera parábola dice que el reino de Dios se parece a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos (Mt 13, 44-52).
En cuanto a la primera parábola, es Dios mismo ese tesoro escondido, que se deja encontrar en su Palabra y en sus sacramentos. Pero también lo encontramos en la vida cotidiana, en los días soleados y nublados. Podemos descubrirlo también en personas y en situaciones alegres y sufrientes de la vida.
¿Qué hago cuando encuentro ese tesoro? Lo primero que tenemos que hacer es agradecerle por estar entre nosotros. En segundo lugar, hay que cuidarlo y defenderlo de los enemigos que quieran robárnoslo. Y, por último, hay que compartir este tesoro con los demás.
Cuide su tesoro vocacional. Cuide su tesoro matrimonial. Cuide su tesoro sacerdotal. Cuide su vida consagrada. Cuide su vida cristiana. Pablo dice que llevamos este tesoro en vasijas de barro. En cualquier momento podemos dejar caer la vasija y perderlo todo: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que esta fuerza tan extraordinaria proviene de Dios y no de nosotros mismos» (2 Co 4, 7).
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Ejecutivo y Legislativo, corresponsables del alza en el combustible II
Pero, en nuestro caso, estamos claros, el problema no es tanto el Estrecho de Ormuz ni nada parecido; el problema es interno: son tres empresas importadoras que desde siempre han importado el combustible y nos lo han vendido al precio que ellas han querido, es decir, a su sabor y antojo.
Recuerdo aquellas jornadas cuando hacíamos largas filas o colas para abastecernos de combustible —1973, 1978 y, recientemente, 2022—. El reclamo de la ciudadanía siempre ha sido: «¿Por qué las gasolineras le suben al precio cuando aún tienen reservas o inventarios con precios anteriores?». Y, desde siempre, hemos visto la opacidad del gobierno de turno; siempre, no hay respuesta para la población.
Nuestro problema tiene un nombre y se llama OLIGOPOLIO, es decir, dos o tres empresas —Texaco, Shell y Chevron— que controlan la importación, refinamiento y distribución del combustible. Entonces, ¿el subsidio al combustible, la eliminación del Impuesto a la Distribución del Petróleo —IDP—, la conformación de un fondo para emergencias de combustible, la adjudicación de un bono o vale para el consumidor y cualquier otra idea podrían ser la solución para paliar o solucionar la crisis del alza al combustible en Guatemala? Definitivamente no. Mientras los diputados no ataquen el fondo del asunto —oligopolio—, la población seguirá mermando su capacidad económica.
Para nadie es un secreto, el subsidio al combustible no beneficia al consumidor; entonces, ¿por qué el Ejecutivo no buscó otra alternativa de solución? Pues vaya usted a saber. Nosotros podemos hacer una y mil conjeturas al respecto, pero lo cierto es que la responsabilidad está en la cancha de los «honorables padres de la patria» y resulta que, para las redes sociales, los diputados se muestran sumamente preocupados por nuestra economía; pero, dentro del hemiciclo parlamentario, ni por asomo se han preocupado por darle una solución al respecto. Su preocupación es meramente interés político. Al parecer, aprobaron darle un beneficio económico a los eternos veteranos militares, aquellos que, año con año, son utilizados por algunos pícaros diputados, mientras la población sigue esperando la rebaja al combustible.
Señoras y señores diputados, por enésima vez les recuerdo y les exijo reformar el Dto. 109-97 —Ley de Comercialización de Hidrocarburos—; ahí está la solución al abuso desmedido de las importadoras. Asimismo, fiscalicen el «trabajo» del directorio de la Superintendencia de Competencia. La población ya está pagando altos salarios al directorio y no hemos visto absolutamente nada respecto al trabajo de esta institución. Entiendo perfectamente que la fase de aplicación plena y sancionatoria es a partir del 9 de diciembre de 2026, pero ¿acaso el alza desmedida y abusiva del precio del combustible no es una razón suficiente para reformar la Ley de Competencia y hacer que entre en vigencia inmediatamente esta última fase y que adquiera todas las facultades operativas para investigar de oficio o por denuncias y así aplicar sanciones económicas y controlar las concentraciones de mercado del combustible, es decir, atacar frontalmente tanto el oligopolio como el monopolio? Que no nos vayan a salir con el cuento de que no se pueden adelantar los plazos, porque sí pudieron alargar el plazo para pagar el ISCV. ¿Por qué no van a cambiar el plazo para que entre en vigencia la fase más importante de la Ley de Competencia? ¿Diputados, están con el pueblo o en contra del pueblo?
No más subsidio, no más suspensión temporal de impuestos, no más migajas para el pueblo.
Arnoldo Soch Tzul
Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.
Sanar la herida invisible del duelo gestacional
Perder un embarazo deseado no solo rompe el corazón; muchas veces conmociona el sistema nervioso.
Existe un dolor que rara vez encuentra espacio en la conversación cotidiana: el que se siente al sostener unos brazos vacíos tras haber albergado la promesa de una vida. La pérdida de una gestación deseada es una experiencia profundamente dolorosa que, suele ser minimizada por la sociedad con frases hirientes como "ya vendrá otro" o "por algo suceden las cosas". Sin embargo, el amor y la ilusión que se gestan desde el primer instante no se borran con una estadística, aunque las cifras nos recuerden que es una realidad desgarradoramente común. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1 de cada 4 embarazos termina en pérdida gestacional. Esto significa que millones de personas transitan este laberinto en silencio. A pesar de su frecuencia, el duelo gestacional sigue siendo un "duelo desautorizado", donde la falta de rituales sociales deja a las familias atrapadas en una soledad abrumadora.
Perder un embarazo deseado no solo rompe el corazón; muchas veces conmociona el sistema nervioso. Para muchas mujeres y parejas, la experiencia médica, la pérdida repentina o la sensación de traición del propio cuerpo se viven como un evento traumático. Cuando la tristeza profunda no cede y se acompaña de: Flashbacks o pesadillas, sobre el momento de la pérdida o los procedimientos médicos. Hipervigilancia y ansiedad extrema ante la idea de volver a intentar un embarazo o asistir a revisiones ginecológicas. Evitación de lugares, conversaciones o personas relacionadas con bebés o maternidad. Culpa irracional y desconexión emocional del entorno. Estamos hablando del desarrollo de un Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), reconocer esto no es señal de debilidad, sino el primer paso para una recuperación real. Sanar no significa olvidar, sino aprender a integrar la pérdida sin que el dolor paralice la vida. Si estás atravesando este proceso, estas pautas pueden acompañarte:
El dolor es legítimo. Prácticas como la respiración diafragmática y el contacto con la naturaleza ayudan a desactivar la respuesta de "lucha o huida" propia del trauma. Al no existir ceremonias tradicionales, crear un espacio físico o simbólico (escribir una carta, plantar un árbol, conservar un objeto) ayuda al cerebro a procesar la pérdida. La terapia con enfoque en trauma (como la técnica EMDR o la Terapia Cognitivo-Conductual) y la psicología perinatal son herramientas fundamentales para destrabar el impacto traumático en el cerebro. El duelo gestacional merece ser nombrado, honrado y acompañado. El dolor no se tiene que cargar en soledad.
Sara María Mendoza G.
Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.
OpiniónMedicina
Buscar trabajo no elimina las reglas
Una de las principales razones para comprender estos procesos es que obtener un empleo no elimina los procedimientos que se deben cumplir.
Es entendible que buscar trabajo se puede convertir en un proceso tedioso y cargado de emociones, sobre todo en Guatemala, donde los procesos para aplicar a una oportunidad laboral requieren muchos pasos y documentos para poder ser tomados en cuenta. Los candidatos pueden encontrarse con entrevistas, pruebas psicométricas, verificación de referencias, solicitud de documentos y diferentes etapas de selección.
Para algunos candidatos, sobre todo para quienes nunca han vivido una experiencia de selección de personal, estos procesos pueden percibirse como excesivos, repetitivos e incluso como una falta de confianza; sin embargo, para la psicología organizacional y la gestión de las empresas, existen razones importantes para que estos procesos se mantengan.
Una de las principales razones para comprender estos procesos es que obtener un empleo no elimina los procedimientos que se deben cumplir. Aunque cada quien necesite con urgencia el trabajo, las empresas necesitan evaluar que los valores del candidato se adecuen a los de la empresa, determinar que el candidato posea las competencias, experiencias, disponibilidad y características para ocupar el puesto; todo esto con la finalidad de garantizar que el candidato se sienta cómodo con el puesto y no se retire rápidamente, obligando a la empresa a iniciar un nuevo proceso.
La frustración puede aparecer cuando el candidato considera que su experiencia debería ser suficiente, sobre todo para los migrantes retornados que no cuentan con todos los documentos que comprueban su experiencia laboral. Esto puede generar molestia, ansiedad y sensación de injusticia. Sin embargo, reaccionar con insultos, exigencias, amenazas o faltas de respeto hacia las personas que realizan el proceso puede perjudicar al propio candidato. La legítima necesidad de un empleo no justifica conductas agresivas; la inteligencia emocional también es un modelo que se evalúa en estos procesos: saber esperar, preguntar, expresar desacuerdos de manera respetuosa y aceptar que existen procedimientos que deben cumplirse.
Como las empresas tienen procesos establecidos, la recomendación que se les puede brindar a los candidatos es que prepararse para estos procesos puede marcar una diferencia. Actualizar el currículum, organizar certificados y referencias laborales, identificar las habilidades adquiridas en el extranjero y practicar entrevistas puede aumentar la confianza y facilitar la adaptación al mercado laboral.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
¿Subsidio temporal o solución estructural en el combustible?
Más allá de los subsidios temporales, el verdadero desafío consiste en garantizar un ahorro real para las familias.
El reciente debate sobre el subsidio que el Estado de Guatemala pretende financiar para los combustibles evidencia la necesidad de contar con políticas públicas que realmente tengan un beneficio sostenible para la población. Este subsidio además inconstitucional porque va dirigido solo al diésel y la gasolina regular (dejando fuera la gasolina super) lejos de mitigar el impacto del incremento internacional del petróleo, deja la interrogante de si estos recursos realmente favorecen al consumidor final o si el mayor beneficio es para los eslabones de la cadena de distribución.
A partir de agosto también se incorpora el uso de mezclas con etanol en los combustibles, una medida que busca diversificar la matriz energética y disminuir parcialmente la dependencia de los derivados del petróleo. Sin embargo, esta transición exige mecanismos efectivos de supervisión para garantizar que el porcentaje autorizado se respete, evitando efectos negativos sobre el rendimiento de algunos vehículos o costos adicionales para los usuarios. La transparencia en el control será determinante para generar confianza entre los consumidores.
Desde una perspectiva económica, diversos sectores consideran que una alternativa con mayor impacto sería revisar el Impuesto a la Distribución de Petróleo Crudo y Combustibles Derivados del Petróleo. Una reducción o eliminación temporal de este gravamen podría trasladarse de forma más directa al precio pagado por los consumidores, siempre que existan mecanismos estrictos de verificación que impidan que el beneficio sea absorbido por intermediarios. Esta propuesta ha formado parte del debate nacional junto con otras iniciativas para estabilizar los precios de los combustibles.
El Estado destinará muchos millones de quetzales al subsidio que no ayuda en nada a los consumidores finales, da lo mismo el eliminar el impuesto, además debe tenerse una política integral que combine transparencia, competencia y fiscalización. Más allá de los subsidios temporales, el verdadero desafío consiste en garantizar un ahorro real para las familias.
Vilma del Rosario Xicará
Con más de 20 años de experiencia en finanzas, auditoría pública, impuestos y rendición de cuentas. Docente universitaria, Contadora Publica y Auditora, y Dra. en Auditoría Gubernamental y Rendición de Cuentas y Transparencia en la función pública.
OpiniónSubsidio a Combustibles














.gif)





