"Estabas preciosa vestida de nada" (cuento)

José J. Guzmán 19 Enero 2024 19:03
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Inspirado en la novela "Contigo en la distancia" de Carla Guelfenbein; el poema "La poesía jamás te olvidará" de Elvira Sastre y la canción "Perdimos el control" de Nacho Vegas.

ANTES DEL FIN DE SEMANA

Los saludos cordiales duraban ya 15 días. Su número había llegado a mi teléfono en una de esas reuniones apresuradas en las que dos excompañeros de secundaria fingen tener poco tiempo para saludarse en un centro comercial y se despiden aún más apresurados. Durante esas dos semanas, solo nos enviamos mensajes por WhatsApp de “buenos días” y “buenas noches”, un “todo bien” y un “espero que tu jornada sea exitosa”.

El martes por la noche, la ansiedad me golpeó el pecho luego de sugerirle que nos viéramos para poder conversar. Eran las 6:15 de la noche cuando se lo pregunté y fueron las 8:33 cuando vio el mensaje. Por un momento pensé que, erróneamente, había roto una distancia adecuada; que había sido malagradecido con su cortesía, cuando ella se tomaba el tiempo para responderme; que, en todo caso, le había faltado el respeto queriendo traspasar su espacio personal cuando ella tan solo por educación me había dado su número.

Me dejó en visto.

Confiado ya en mi derrota, consideré que lo mejor era olvidarme del caso y salir por donde había entrado. Sin embargo, el jueves por la mañana me respondió un extenso texto en donde me contaba de sus días, que ella llamaba "las correderas de la vida", y que por eso no me había contestado.

En su respuesta me habló de su matrimonio, del pequeño Javier de cinco años que ya estaba en la escuela, me habló de sus quehaceres domésticos, de que no tenía nada que ponerse para un viaje de fin de semana en el que iban a asistir, lejos, a la graduación de maestría de un primo de su esposo. También me dijo que no tenía ganas de ir. Me habló del menú que haría para el almuerzo, de que estaba viendo una serie y al final del mensaje: “Si no voy a la graduación, con gusto nos vemos”.

VIERNES

No fue a la graduación. Es más, luego de conversar con su esposo, me dijo que acordaron que ella se quedara en casa, pero en verdad, tendría todo el fin de semana: desde el viernes al mediodía, hasta el domingo por la tarde, para ella sola.

Era la mujer más hermosa del mundo cuando la vi entrar al café. Se vistió simple, con tenis, pantalón azul y una blusa amarilla que resaltaban las almendras que tenía por ojos. Vestida como para ir de viaje.
El 50 por ciento del éxito de cualquier relación, ya sea personal, empresarial o académica, le corresponde a la empatía. Ella y yo sentimos simpatía por el otro. Tanta empatía, que al descubrir la recién iniciada tarde del viernes decidimos viajar a una playa a algunos kilómetros de allí y disfrutar el fin de semana juntos hasta que fuera el domingo por la tarde.

La tarde era fresca cuando llegamos y ella aprovechó para disfrutarlo en una sesión rápida de bronceado. Le pregunté si su esposo notaría el cambio en su color de piel, tomando en cuenta que supuestamente ella estaba en su casa.

—Ya sé qué le voy a decir —me dijo.

Por la noche recorrimos las calles a la orilla del indómito mar, comimos, bailamos, bebimos y poco a poco nos convertimos en unos confidentes inocentes que tenían tanto para contarse.

Rendidos al fin de la fiesta. Nos sentamos en una banqueta y su autoridad tomó el control de la noche.

—¿Con cuántas mujeres has estado? —Me preguntó mientras encendía un cigarro.

Le mentí respondiéndole que era virgen. Se atascó con el humo y sonrió ligeramente. Nos quedamos en silencio por un momento.

—¿Y tú? —Le pregunté.

—Solo con tres —me dijo —. Mi primer hombre fue mi esposo.

Interesado en ese secreto que suponía el acto de la infidelidad, le pregunté por los otros dos.

El segundo fue un desconocido de acento extranjero la noche de su despedida de soltera y el tercero, el día de su boda, con el mejor amigo de su esposo, en algún momento entre la bendición del sacerdote en la iglesia y el brindis antes de la cena.

—Pobres —dijo—, pronto los dos serán socios.

Esa noche dormimos juntos en el hotel. Tal como lo imaginaba, su piel denotaba el mando que su madurez tenía en el mundo.

SÁBADO

Disfrutamos del mar y del sol. Cuando llegó la tarde, su bronceado era evidente y le pregunté si estaba segura de que tendría una excusa para el domingo por la noche.

—Ya sé qué le voy a decir —me dijo.

La duda me asaltó, como asaltan todas las dudas, a partir de los recuerdos. Me recordaba lo que decía mi catecismo de Primera Comunión: "Nunca con la mujer de tu prójimo" y caí en cuenta, hasta entonces, de que estábamos en un lugar peligroso, frente a la vista de todos, guiándonos por el camino de la infidelidad, totalmente indefensos.

La tarde la aprovechamos para compartir una botella de vino en un restaurante con una vista impresionante de la dimensión de la naturaleza.

Fue entonces cuando me contó que había aceptado verme porque estaba cansada de su matrimonio. Me contó que se casó muy joven y que su papel siempre había sido el de ponerse bonita para los amigos de su esposo.

—Yo soy como la medalla más importante que él ha ganado, solo eso. —dijo.

Me contó que él no la embarazó durante 10 años por el miedo a que su objeto más preciado perdiera la forma que le daba enviada a sus amigos. Me contó que ella tenía que sonreír en las reuniones sociales y nunca bajar la vista. Mostrarse indomable, lejana a todos, irresistible, pero al llegar a casa volvía a ocupar su lugar como cualquier cosa de la sala mientras él se concentraba en sus negocios. Me contó del pequeño Javier, que lo amaba, que ese hijo había nacido no planificado una noche en la que él quiso desestresarse de estar mucho tiempo en la gloria de su empresa.

Me contó que al pequeño le gustaba el mar, tanto como a ella. Y luego suspiró. Cuando cayó la noche, se puso a llorar, finalmente con su alma vestida de nada, nos abrazamos y caminamos otro poco.

Esa noche cada quien ocupó su cuarto en el hotel.

DOMINGO

Su color de piel era otro. El bronceado ya era de tres días, pero ella parecía confiada en su respuesta: “Ya sé qué le voy a decir”.

La mañana la aprovechamos para acudir a los mercados y a uno que otro museo donde exponían especies marinas. En fin, estábamos distrayéndonos para lo inevitable: la llegada del domingo por la tarde.
Cuando fuimos conscientes de la caída de la hora, finalmente me dijo:

—Hay veces que mi esposo me parece tan similar a los otros dos, no tiene nada de especial.

La observé con ternura y entonces descubrí que yo había sido como una huida a sus jornadas, a la que, en pocas horas, inevitablemente, debería volver.

—En verdad, no quiero regresar —confesó con la vista puesta en el lejano horizonte del tiempo que poco a poco dejaba de pertenecernos.

Sin embargo, la hora llegó. La despedí y ella se subió en el bus de turistas que la llevaría de regreso a su realidad.

Nos observamos a través de la ventana, creyendo quizá, como el final de una película de amor, que yo subiría a rescatarla o ella bajaría para abrazarme y fugarnos finalmente rumbo a la felicidad.

Pero nuestra mirada era otra, una que anunciaba que ninguno de los dos se atrevió a hablar de un futuro juntos y que aquello solo había sido una aventura de la que salimos bien librados: Ella regresaría a ser la mujer más hermosa del mundo para los amigos de su esposo y a contarle al pequeño Javier a través de un cuento para niños lo que vivió a la orilla del mar y yo estaría feliz de no haberme atravesado con el filo del cuchillo de su marido, rebanándome la garganta, dirigido por sus celos.

Recuerdo su última mirada, y la sonrisa temblorosa con la que finalmente me despidió: era una niña asustada y entonces, caí en cuenta de que ella no tenía ninguna respuesta para explicar su bronceado y que esa noche del domingo ella daría el mensaje más contundente y genuino de sus 15 años de matrimonio a través del nuevo color de su piel.

El bus arrancó, y mientras terminaba ese corto fin de semana, comenzaba el olvido más largo de nuestras vidas.


José J. Guzmán

José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).


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Apego ansioso: el miedo de perder a alguien

La tranquilidad de la persona empieza a depender demasiado de las respuestas y comportamientos del otro.

Crysta Nowell 5 Noviembre 2026 15:23
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El miedo se manifiesta para alertar a la persona ante diferentes situaciones, pero a veces el miedo descontrolado puede responder a mensajes que le brindamos a nuestra mente de forma equivocada. El apego ansioso es uno de esos mensajes mal diseñados que roban la tranquilidad.

Se manifiesta por miedo a perder a otra persona y sentir ansiedad cuando las personas allegadas no le demuestran constantemente que le aman o sienten angustia cuando se distancian. Estos miedos solo se generan en la mente de la persona cuando en realidad no está pasando nada. El temor al abandono y la necesidad frecuente de tener la seguridad de que la persona la quiere se conoce como apego ansioso.

Desde la psicología, el apego se relaciona con las experiencias afectivas que se han vivido en el pasado para influir en las relaciones afectivas del presente; en base a esas experiencias pasadas se construyen las nuevas relaciones. El apego ansioso se puede desarrollar cuando en la niñez las relaciones con los seres más cercanos eran poco predecibles, inconsistentes o ausentes, pero es importante saber que no son la única causa; otras relaciones en toda la niñez o en la adolescencia también influyen.

El apego ansioso en la adultez se manifiesta mediante la preocupación excesiva por una relación, presentando patrones de necesidad constante de atención, temor a ser reemplazado, interpretación negativa y constante de las actitudes de la otra persona, tener necesidad de estar constantemente comunicado con la otra persona, recibir mensajes y muestras de amor constantes.

La tranquilidad de la persona empieza a depender demasiado de las respuestas y comportamientos del otro; puede sentirse con miedo, ansiedad, pensamientos repetitivos, dificultad para concentrarse en sus tareas diarias, llorar sin razón, descuidar sus propios intereses, evitar amistades que le alejen de pasar tiempo con esa persona y muchas otras actitudes. También busca insistir en las llamadas y los mensajes, interpretar los silencios como abandono, generar conflicto por estas actitudes y llegar a desgastar a la otra persona emocionalmente.

Todos estos patrones pueden trabajarse: reconocer los pensamientos que alimentan el miedo, fortalecer la autoestima, comunicar las necesidades y los sentimientos, aprender a tolerar la incertidumbre y controlar la ansiedad con psicoterapia puede ayudarle a reconstruir los vínculos.


Crysta Nowell

Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.


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OpiniónPsicología

En Guatemala los jóvenes decidirán el futuro del país. Parte II

Arnoldo Soch Tzul 5 Noviembre 2026 08:00
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Sí, así es, reitero: los jóvenes deben y tienen que decidir el futuro político, económico y social de Guatemala. No hay nadie que venga de otro lugar que deba hacer semejante acción.

Si el 61 % del padrón electoral está compuesto por mujeres y hombres entre 18 y 35 años de edad, entonces no hay nada que hablar. Pero ¿qué necesitan los jóvenes para dar ese paso? Definitivamente, conocimiento, conciencia y carácter. Pregunto: ¿ellos tendrán estas categorías?

La juventud, desde el sentido común, debiera tener conocimiento de lo que está afectando enormemente su calidad de vida. El político tradicional que está manejando o dirigiendo a su sabor y antojo los vehículos electoreros, el diputado, perdió toda credibilidad; es un chiste al momento de tomar la palabra tanto en el hemiciclo parlamentario como en los medios de comunicación. Estimado lector, ¿acaso no provoca repugnancia ver y escuchar a los diputados que llevan más de 10 y hasta 20 años diciendo una cosa, pero haciendo totalmente lo contrario? ¿Se bajaron el salario, eligen a magistrados probos, le dirán no al nuevo presupuesto del Congreso de la República?

Hablemos del “poder local” o, lo que es lo mismo, la administración municipal, esa que tenemos justo enfrente de nuestras narices —perdón por la expresión coloquial— y que no queremos ver. Hay alcaldes municipales —les queda grande ese tacuche— que llevan dos, tres y hasta cuatro períodos en el cargo y los efectos de su administración no han trascendido casi en lo absoluto. Los gobernadores —puesto político que a la población casi no le beneficia para nada—, lo que podemos ver son fotos y videos donde firman felizmente los convenios de proyectos aprobados y con presupuesto disponible, pero se queda ahí, solo en la firma, porque en realidad los alcaldes corruptos y mañosos tardarán dos y hasta tres años para terminar un proyecto de obra gris. La juventud definitivamente tiene la información y está viviendo en carne propia los efectos de tanta corrupción provocada y practicada por la clase política de nuestro país.

Por Dios, ¿quién dice que la juventud no tiene conciencia de lo que está pasando en el país? Por supuesto que la tiene. Solo veamos el caso de la movilización y/o manifestación del pueblo indígena liderado por los 48 Cantones en 2023. ¿Acaso no vimos a jóvenes menores de 35 o 40 años diciéndoles no a los corruptos que querían dar un golpe de Estado y burlarse de la voluntad soberana de más de dos millones de ciudadanos que acudieron a las urnas? Los mismos dirigentes o exautoridades indígenas eran jóvenes. Entonces, señor politiquero, debe poner sus barbas en remojo, porque la juventud está hastiada de sus acciones corruptas; además, no tiene confianza en sus vehículos electoreros. Para muestra, un botón: solo el 9 % de la ciudadanía está afiliada a los partidos políticos. ¿Acaso eso no le dice mucho, señor politiquero?

Definitivamente, la juventud pondrá la guinda en el pastel cuando dé ese paso histórico y decisivo. Estoy casi seguro: la juventud ya identificó a su verdugo y el hartazgo está llegando al límite. Ya no se puede seguir así. ¡Ya basta, no más de lo mismo!

Juventud, es tu tiempo, es tu momento. Solamente lee más, un poco más, y tendrás la oportunidad histórica de manifestar tu hartazgo y tirar al bote de la basura los ofrecimientos absurdos de los politiqueros que procuran corrupción, inseguridad y promesas incumplidas. Por supuesto, la juventud no podrá sola; deberá acompañarse de los viejos, es decir, de la experiencia, la sabiduría, la prudencia y la tolerancia. Entonces, la energía y fuerza de la juventud será más efectiva.


Arnoldo Soch Tzul

Contador Público y Auditor, asesor financiero y fiscal de pequeñas y microempresas, exalcalde comunitario, auditor social desde hace más de 25 años.


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Hablar de sexualidad a adolescentes: ¿por qué hacerlo y cómo empezar?

¿Por qué debemos hablar de educación sexual? Porque educar en sexualidad va es enseñar a conocer y respetar el propio cuerpo.

Sara María Mendoza G. 5 Noviembre 2026 11:00
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Hay conversaciones que nos cuestan, pero que pueden cambiar la vida de nuestros hijos. Muchos padres temen que brindar educación sexual despierte curiosidad o adelante el inicio de las relaciones sexuales. Sin embargo, debemos comprender que la información no adelanta etapas; proporciona herramientas para tomar decisiones responsables y seguras. La adolescencia es una etapa de  cambios físicos, hormonales y emocionales. Surgen preguntas sobre el cuerpo, el enamoramiento, la atracción, el deseo y las relaciones afectivas. Mientras tanto, nuestros jóvenes reciben información de amigos, redes sociales e internet, donde no siempre encuentran contenidos confiables y, en ocasiones, se enfrentan a una visión distorsionada de la sexualidad.

¿Por qué debemos hablar de educación sexual? Porque educar en sexualidad va es enseñar a conocer y respetar el propio cuerpo, fortalecer la autoestima, reconocer los cambios de la pubertad y construir relaciones saludables. Permite prevenir embarazos no planificados, infecciones de transmisión sexual, abuso, violencia y coerción. Enseña que cada persona tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, establecer límites y decir NO.

¿Cómo podemos hacerlo? cincoestrategias para comenzar:

1. Hablemos desde temprano: no esperemos al primer noviazgo o a un problema para abordar estos temas. La educación debe ser progresiva y adecuada a la edad.

2. Escuchemos sin juzgar y usemos palabras claras:preguntemos qué saben y qué 

3. Enseñemos el valor del consentimiento: el amor no obliga, el noviazgo no da derecho sobre el cuerpo de otra persona y el silencio no significa aceptación.

4. Conversemos sobre el mundo digital: abordemos los riesgos de la pornografía, el sexting, el grooming y la difusión de imágenes íntimas. Enseñémosles a proteger su privacidad y pedir ayuda ante cualquier amenaza.

5. Seamos honestos, eduquemos sin miedo: no necesitamos tener todas las respuestas. 

Nuestros adolescentes no necesitan adultos perfectos; necesitan adultos disponibles. Si respondemos sus preguntas con amenazas, críticas o castigos, aprenderán a guardar silencio y buscar respuestas en otros lugares.


Sara María Mendoza G.

Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.


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OpiniónSexualidad

La Voz Cup 2026: el deporte como espacio de convivencia

Nos hemos propuesto convertir este torneo en una plataforma de exposición para los equipos, jugadores, patrocinadores y marcas que creen en el deporte.

César Pérez Méndez 4 Noviembre 2026 17:33
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El deporte tiene una capacidad extraordinaria para unir a las personas, generar oportunidades y construir comunidad. Bajo esa visión, desde La Voz de Xela impulsamos la segunda edición de La Voz Cup 2026, un proyecto que nos llena de entusiasmo y orgullo, porque representa mucho más que una competencia deportiva.

Desde anoche, 16 equipos de futbol 7 comenzaron a disputar este torneo, que se extenderá hasta diciembre. Se trata de una iniciativa que apuesta por una organización profesional, una experiencia deportiva diferente y, sobretodo, por generar espacios de convivencia pacífica alrededor del deporte sano.

Creemos que el futbol es una herramienta poderosa para promover valores como la disciplina, el respeto, el trabajo en equipo, la perseverancia y la sana competencia. También es una oportunidad para fomentar la actividad física, cuidar la salud y ofrecer entretenimiento a las familias y a la comunidad.

La Voz Cup tiene, además, un componente innovador: la comunicación deportiva. Nos hemos propuesto convertir este torneo en una plataforma de exposición para los equipos, jugadores, patrocinadores y marcas que creen en el deporte. Es el primer torneo local de futbol 7 que cuenta con transmisiones en vivo de alcance masivo, a través de las plataformas digitales.

Este esfuerzo es posible gracias al respaldo de Banco G&T Continental, Kern’s, SporTown Xela y Altos de Santa Rita. Mi reconocimiento a nuestros aliados por creer en esta iniciativa. También felicito a Miguel Pérez, quien coordina el proyecto, y a todo el equipo de producción y de La Voz de Xela Sports. Las transmisiones cuentan con la producción de Jacobo de Paz, la narración de Edwin Alonzo y los comentarios de Orlando Luarca.

Es satisfactorio ver cómo una idea se convierte en un proyecto que moviliza personas, equipos, talento y voluntades. Eso también es hacer periodismo: crear espacios que aporten a la sociedad.
Invito a seguir cada encuentro en vivo por Facebook y YouTube de La Voz de Xela. La programación y los resultados estarán disponibles en nuestras plataformas.

Porque cuando el deporte se organiza, se comunica y se impulsa, gana toda la comunidad.


César Pérez Méndez

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.


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OpiniónLa Voz Cup

La ética no es un discurso

La calidad de una institución no se mide solamente por lo que consigue, sino también por cómo trata a las personas.

Luis Felipe Polo 3 Noviembre 2026 08:48
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Hay una gran diferencia entre tener autoridad y merecer respeto. La primera puede llegar con un nombramiento o una posición jerárquica. El segundo se construye con nuestras decisiones, nuestra conducta y, sobre todo, con la manera en que tratamos a los demás. A veces confundimos el liderazgo con la imagen que algunos tienen de sí mismos. No basta con llegar a una reunión exhibiendo una tacita de café que proclama “El mejor jefe del mundo”, pareciendo gracioso, pero cuando esa imagen contrasta con la arrogancia, la falta de escucha o la incapacidad de reconocer errores, se convierte en una contradicción. El liderazgo no se proclama; se demuestra.

Algo parecido sucede con las instituciones. Muchas hablan de ética, transparencia, respeto y responsabilidad, pero esos principios pierden sentido cuando una pregunta legítima recibe como respuesta el silencio o la evasión. Es cierto que a veces no hay respuestas inmediatas, pero existe una gran diferencia entre reconocer honestamente que algo debe investigarse y dejar a una persona sin explicación ni orientación. La incertidumbre también tiene consecuencias humanas.

La ética se pone a prueba precisamente en esos momentos: cuando escuchar resulta incómodo, cuando debemos reconocer un error o cuando nuestras decisiones afectan a otras personas. Cumplir procedimientos no siempre significa actuar con justicia, así como alcanzar buenos resultados económicos tampoco garantiza una conducta moralmente responsable.

Las organizaciones necesitan eficiencia, disciplina y resultados, pero también humanidad. La calidad de una institución no se mide solamente por lo que consigue, sino también por cómo trata a las personas. Cuando todo se reduce a rentabilidad y resultados, corremos el riesgo de olvidar lo esencial: la integridad y la dignidad humana. Los balances pueden reflejar grandes ganancias, pero jamás podrán justificar la pérdida de humanidad.



 


Luis Felipe Polo


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OpiniónÉtica

Deja atrás lo que ya no te representa

Carol Contreras 2 Noviembre 2026 14:45
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Avanzar muchas veces requiere de valor para soltar aquellas cosas que ya cumplieron su propósito en nuestra vida y, aunque parece difícil y se siente mucho temor, hay ciclos que debemos cerrar, pese a las personas, emociones, situaciones, rutinas e incluso versiones de nosotros mismos que necesitamos dejar. Hay personas que llegan a nuestra vida para acompañarnos en un proceso, un proyecto, enseñarnos algo o ayudarnos a descubrir aspectos de nosotros mismos que desconocíamos. Hay emociones que debemos experimentar para crecer, mas no deben permanecer siempre; hay rutinas que funcionan para una temporada y nos ayudan en la construcción de nuestra mejor versión. Hay hábitos que debemos cuestionar, pensamientos que necesitamos transformar. ¿Cómo reinventarnos sin seguir aferrados a todo lo que pertenece a nuestra versión anterior?

· Avanza aun con miedo: cambia de rumbo, establece otros hábitos; crecer significa atreverte a caminar incluso cuando no tienes todas las respuestas.
· Despídete de lo que no conecta con tu esencia: suelta aquello que ya no te representa.
· No confundas lealtad con permanencia: no tienes que quedarte en lugares, relaciones o situaciones solo porque alguna vez fueron importantes.
· Tu imagen evoluciona contigo: date permiso de cambiar, renovar tu estilo y conectar con la nueva versión de ti que estás construyendo. Tu imagen acompaña tus emociones, proyectos y tu crecimiento.

No todo lo que dejamos atrás representa una pérdida; algunas despedidas son necesarias para abrir espacio a nuevas oportunidades. Recuerda que en los pequeños detalles está el poder de tu imagen.


Carol Contreras

Coach de Imagen


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Favorece tu bienestar emocional

Silvia Morales Paniagua 2 Noviembre 2026 12:00
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Nuestra mente es el campo de batalla en el que se puede salir ileso o, todo lo contrario, lesionado o muerto. No se trata de negar la realidad de las cosas; se trata de mirar la vida desde la verdad, teniendo claro que no hay verdades absolutas, porque lo que para mí resulta muy efectivo o una buena respuesta, para otras personas no lo es.

Con frecuencia perdemos energías y tiempo entretenidos en pensamientos que quizá no lleguen a concretarse. Está comprobado que aquello en lo que permanecemos influye en cómo nos sentimos y cómo actuamos. Filipenses 4:8 nos invita a dirigir la mente hacia lo verdadero, lo justo y digno de alabar, exhortándonos a pensar con intención, porque hay pensamientos que no merecen nada de atención.

La mente no fue diseñada para responder a todo estímulo externo. Aprender a enfocar la atención en lo que realmente importa puede traer más claridad y descanso.

Por ejemplo, no podemos cambiar la opinión de alguien acerca de nosotros. Mantener el enfoque en su opinión o rumiar sobre lo que cree o piensa de nosotros puede alterar cómo nos sentimos o cómo pensamos; vale la pena, entonces, meditar, detenerse, observar y volver a la verdad, principalmente si aquella opinión no es cierta.

No todo lo que la mente dice es verdad. Recuerda que aquello con lo que alimentas tu mente influye en cómo vives. No se trata de nunca tener pensamientos negativos; se trata de aprender qué hacer con ellos.

Renovar la mente implica cuestionar ideas viejas o paradigmas y confrontarlos con la verdad de Dios, lo que permitirá cultivar una mente más esperanzadora.

Nuestro bienestar emocional se reduce a la facultad que tiene el poder de nuestro pensamiento con intención. Aprender a relacionarnos mejor con lo que pensamos fortalece la regulación emocional, trayendo consigo paz.

Recuerda que en la vida todo tiene sentido.


Silvia Morales Paniagua

Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.


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El que se ama es feliz

P. Orlando Pérez 31 Octubre 2026 07:00
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Como se sabe, la ley judía tenía 613 mandamientos, por lo que es lógico que, en Mt 22, 34-40, un doctor de la ley le pregunte a Jesús cuál de esos mandamientos es el más importante. Y Jesús le responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. El segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,4). La práctica de la verticalidad y horizontalidad del amor depende del amor a uno mismo. Es imposible amar a Dios y al prójimo si no nos amamos. Estoy consciente de que el amor es un don de Dios, es una virtud teologal, es decir, Dios nos da el amor de forma gratuita. Pero si en mí hay demasiado odio y envidia, el amor no puede producir buenos frutos.

La manera de demostrar que amamos a Dios con el corazón, alma y mente es amarnos, amar a los otros, a los próximos, a los que de alguna manera comparten su vida conmigo. El verdadero amor a Dios se refleja en el modo en que amamos, cuidamos y nos preocupamos de los demás. El amor a Dios se expresa en el respeto por el otro, en la obediencia mutua y en una caridad constante. Por eso, San Juan de la Cruz dice que “en el ocaso de la vida seremos examinados en el amor”. La vida se nos es dada para que amemos. El día que en la sociedad y en la Iglesia los hombres y las mujeres nos amemos más, habrá más felicidad. Si usted ama, es feliz. Si usted odia, es infeliz. Hagamos realidad este deseo de Cristo en donde estemos todos los días.

Cuando de verdad se ama, entonces no se hace sufrir a nadie. Cuando realmente amamos, no se explota ni oprime a nadie. Todos estamos invitados a convertirnos en instrumentos de amor y nunca en instrumentos de sufrimiento, opresión y explotación. El mundo está lleno de sufrimiento, opresión y explotación porque sus líderes no lo aman. No hay que olvidar que toda acción tiene una consecuencia: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero... no explotes a las viudas y a los huérfanos… mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos” (Ex 22, 20-26). Dios se da cuenta de nuestras maldades y tarde o temprano pagaremos las consecuencias de nuestras acciones. Recordemos que el que mal hace, mal acaba.

Cuando en una comunidad cristiana sus miembros se aman, esa comunidad se convierte en ejemplo de vida para las demás. La comunidad de Tesalónica había imitado el ejemplo de vida de Jesucristo y de Pablo, había aceptado la palabra de Dios, había llegado a ser ejemplo de vida para los creyentes de Macedonia y Acaya y, por eso, Pablo la alaba (1Tes 1, 5-10).

Toda comunidad humana está invitada a convertirse en modelo de amor y de entrega para las demás. Es lamentable que muchas comunidades cristianas no amen a Dios, sino que amen sus propios intereses. Aman a sus imágenes, aman al dinero y a las cosas materiales. Invierten grandes cantidades de dinero en contratar a grupos musicales en honor a sus patronos, pero su vida dice otra cosa y nada tiene que ver con las virtudes de sus patronos.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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El que se ama es feliz

P. Orlando Pérez 31 Octubre 2026 07:00
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Como se sabe, la ley judía tenía 613 mandamientos, por lo que es lógico que, en Mt 22, 34-40, un doctor de la ley le pregunte a Jesús cuál de esos mandamientos es el más importante. Y Jesús le responde: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. El segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Dt 6,4). La práctica de la verticalidad y horizontalidad del amor depende del amor a uno mismo. Es imposible amar a Dios y al prójimo si no nos amamos. Estoy consciente de que el amor es un don de Dios, es una virtud teologal, es decir, Dios nos da el amor de forma gratuita. Pero si en mí hay demasiado odio y envidia, el amor no puede producir buenos frutos.

La manera de demostrar que amamos a Dios con el corazón, alma y mente es amarnos, amar a los otros, a los próximos, a los que de alguna manera comparten su vida conmigo. El verdadero amor a Dios se refleja en el modo en que amamos, cuidamos y nos preocupamos de los demás. El amor a Dios se expresa en el respeto por el otro, en la obediencia mutua y en una caridad constante. Por eso, San Juan de la Cruz dice que “en el ocaso de la vida seremos examinados en el amor”. La vida se nos es dada para que amemos. El día que en la sociedad y en la Iglesia los hombres y las mujeres nos amemos más, habrá más felicidad. Si usted ama, es feliz. Si usted odia, es infeliz. Hagamos realidad este deseo de Cristo en donde estemos todos los días.

Cuando de verdad se ama, entonces no se hace sufrir a nadie. Cuando realmente amamos, no se explota ni oprime a nadie. Todos estamos invitados a convertirnos en instrumentos de amor y nunca en instrumentos de sufrimiento, opresión y explotación. El mundo está lleno de sufrimiento, opresión y explotación porque sus líderes no lo aman. No hay que olvidar que toda acción tiene una consecuencia: “No hagas sufrir ni oprimas al extranjero... no explotes a las viudas y a los huérfanos… mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos” (Ex 22, 20-26). Dios se da cuenta de nuestras maldades y tarde o temprano pagaremos las consecuencias de nuestras acciones. Recordemos que el que mal hace, mal acaba.

Cuando en una comunidad cristiana sus miembros se aman, esa comunidad se convierte en ejemplo de vida para las demás. La comunidad de Tesalónica había imitado el ejemplo de vida de Jesucristo y de Pablo, había aceptado la palabra de Dios, había llegado a ser ejemplo de vida para los creyentes de Macedonia y Acaya y, por eso, Pablo la alaba (1Tes 1, 5-10).

Toda comunidad humana está invitada a convertirse en modelo de amor y de entrega para las demás. Es lamentable que muchas comunidades cristianas no amen a Dios, sino que amen sus propios intereses. Aman a sus imágenes, aman al dinero y a las cosas materiales. Invierten grandes cantidades de dinero en contratar a grupos musicales en honor a sus patronos, pero su vida dice otra cosa y nada tiene que ver con las virtudes de sus patronos.


P. Orlando Pérez

Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.


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