Fines de la educación superior
Tratar de determinar y explicar los fines de la educación en el nivel superior, entendidos como los motivos por los cuales se ejecuta o lleva a cabo el proceso formativo, implica ver atrás y comprender antes de dónde se origina la educación en su escencia y cómo el educando ha accedido a ese nivel. Para ello es necesario conocer cuáles han sido los fines de la educación en los niveles anteriores; partir de esto permite a la universidad plantear el objeto de su actividad, qué debe aportar a quien ingresa a la misma y establecer un perfil de egresado.
Considerando, bajo la idea de la causalidad aristótelica, que todo tiene una causa y un efecto, la educación no escapa a ello, pero, ¿cuáles son esos fines que persigue, o en todo caso debería alcanzar? Sin ver al educando como un objeto, o un simple engranaje de la sociedad, sí se le tiene que formar con un objetivo colectivo, cierto es que cada quien tiene la libertad para alcanzar la plenitud de la manera que lo desee, esa libertad tiene límites ante otros conceptos más importantes: la dignidad, la igualidad y la justicia.
La condición individual del ser humano no debe apartarse, entonces, de su entorno y menos aún de la necesidad de que como miembro de la sociedad tenga que aportar al desarrollo de la misma. Bajo esa premisa inicial, los fines de la educación en general tienen que ir en función de la autorrealización del ser humano, según Maslow fin último en la pirámide de necesidades, pero también del desarrollo de una sociedad más digna, igualitaria y justa.
Sin embargo, para llegar a este tipo de conclusiones, se tiene que reflexionar sobre cuál es la razón de ser del ser humano, un cuestionamiento no menos sencillo de responder, abordado por diversos autores y que continúa siendo objeto de análisis. Lo anterior sirve para comprender que la educación es solo un espacio y aporte más para que el educando, visto como tal en este ámbito, alcance un fin superior, y no que la educación sea en sí un fin superior. Por ello la academia tiene que considerar, no cuáles son motivos para formar, sino qué es lo que motiva al ser para educarse.
Las razones del ser humano, que son muy diversas como el mismo hombre lo es, dan la idea de hacia dónde tiene que orientarse la educación y cuáles deben ser en realidad sus fines, más aún en la formación superior, que en muchos casos en nuestro medio es vista como una posibilidad a la que no todos tienen acceso, y que debería permitir al educando ser mejor -no entendido como superior- persona entre sus semejantes.
Por otra parte, para conocer los fines, también influyen las condiciones en las cuales se desarrolla el proceso educativo; los objetivos cambian con relación al entorno, principio básico administrativo. Ya decía Ortega y Gasset: Yo soy y mi circunstancia. Aun cuando los fines fundamentales tendrían que mantenerse, de formar a un ser humano, cada vez más humano y pensante, no se puede decir que la educación superior, por ejemplo, en Europa, persiga lo mismo que en Latinoamérica o en Asia, por hablar de continentes. No se plantea igual la educación en ese nivel en una democracia que frente a un gobierno absolutista. Los fines tampoco serán los mismos si se vive en un conflicto interno que si se dan las condiciones para que se cumplan los derechos fundamentales.
Todo esto plantea la idea, que algunas veces de manera lamentable, la educación responde a las circunstancias y se adecúa a las necesidades del momento, cambiando la manera en que es formado el educando.
Cuáles deben ser esos motivos de la educación superior, tienen en principio que responder a un ideal de hombre y a un ideal de sociedad; es decir, un concepto integrado y no uno simplista que vaya en función de un enfoque instrumentalista a través del cual el educando solo pretende alcanzar un grado superior de formación para mejorar sus condiciones de vida y las de su familia mediante un trabajo mejor remunerado.
La realidad, no obstante, es contraria a las condiciones de lo que se plantea, porque la educación superior ha perdido el sentido de los conceptos básicos propuestos al inicio de este texto, y ha pasado a ser parte de ese carácter instrumentalista de las instituciones, siendo uno de los fines principales la obtención de ganancias económicas, respondiendo en consecuencia a otros objetivos distintos a los que incluso consigna la Constitución Política de la República de Guatemala.
La educación superior tiene que ser el nivel que le permita al educando discutir sobre la realidad para cambiarla de forma positiva, formar una ideología acorde a los valores personales y de su casa de estudios, crear conocimiento y no solo repetirlo; no puede limitarse a la simple transmisión de información, porque eso podría suplirse con una educación autodidacta, la cual, indistintamente, siempre deben exigirse los educandos. Por ello, si se analiza con mayor profundidad, existen más motivos de la razón de ser de las instituciones de educación superior, una de las principales es ser un espacio para que confluyan personas de distintas condiciones, pero que busquen el mismo ideal de una sociedad más justa, equitativa y libre.
Muchos de los cambios, de hecho, tendrían que generarse desde las universidades, públicas o privadas, como cuna de ese pensamiento reflexivo y crítico, y no ser lugares desde donde se busque mantener el poder. Por ello, la educación superior debe ser para todos, pero para todos los que en verdad sean conscientes de la necesidad de formación para mejorar las condiciones de vida en el país y no para los que, carentes de valores, solo acuden sin un sentido o para corromper y entorpecer más la sociedad a través de la legitimidad de un título o pertenencia a una casa de estudios. En esto cabe reflexionar sobre la facilidad en el acceso a la educación superior y en consecuencia la calidad de la misma. Finalmente, este proceso formativo debe apuntar hacia la perfectibilidad del ser humano.
La Voz de Xela · Redacción
Artemisa y la incertidumbre
Y en medio de todo, una certeza: el futuro depende del conocimiento.
El universo siempre ha sido una pregunta abierta. Y en esa pregunta habita la incertidumbre, esa fuerza incómoda pero necesaria que empuja a la humanidad a avanzar. Hoy, mientras observo el impulso de Artemis II, entiendo que no se trata solo de una misión espacial, sino de una declaración profunda: el futuro pertenece a quienes se atreven a explorar lo desconocido.
Artemis II lleva a cuatro astronautas: Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, a orbitar la Luna a bordo de la nave Orion, impulsados por el poderoso Space Launch System. No aterrizarán, pero darán un paso crucial: probarán el camino. Como en la vida misma, no siempre llegamos al destino en el primer intento, pero cada recorrido nos acerca.
Me ilusiona haber visto en streaming el lanzamiento de este cohete. Fue más que un evento tecnológico; fue un recordatorio de lo que somos capaces cuando decidimos mirar más allá del miedo. Desde los tiempos del Programa Apolo, no habíamos vuelto a enviar humanos tan lejos. Hoy regresamos, no solo por conquista, sino por comprensión
Lo que está en juego no es únicamente llegar a la Luna, sino entendernos como humanidad. Cada misión nos une y nos recuerda que compartimos un mismo origen y un mismo destino: evolucionar. Artemis II simboliza ese impulso colectivo de ir cada vez más lejos, no solo en el espacio, sino en nuestros sueños, en nuestras ideas y en todo aquello que anhelamos construir.
Porque el ser humano no nació para quedarse quieto. Nació para buscar, para preguntarse, para salir de su propia órbita. La vida, al final, es eso: una misión, una exploración constante.
Y en medio de todo, una certeza: el futuro depende del conocimiento. El futuro es el conocimiento.
César Pérez Méndez
Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Usac), con tres maestrías en diferentes campos y Doctor en Investigación en Educación (Usac). CEO de La Voz de Xela, profesor universitario y conferencista.
Importancia de la familia en la sociedad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como el conjunto de personas que conviven bajo el mismo techo, organizadas en roles fijos: padre, madre, hijos, hermanos. Es un vínculo con nuestro pasado y un puente con nuestro futuro.
La familia no necesita ser perfecta, lo que más necesita es la unión de sus miembros. Hay que recordar que nos une a nuestro pasado y está presente en nuestro futuro.
¿Qué ayuda a sostener con firmeza a la familia?
Existen algunos pilares que la sostienen y que siempre deben consolidarse:
a. Amor, seguridad y confianza.
b. Lazos familiares y sociales.
c. Optimismo y diversión.
d. Límites, normas y valores.
Una de las capacidades de una buena familia es dejar que cada uno de sus miembros se pueda expresar tal y como son, pero además la familia tiene cuatro pilares importantes:
a. Amor, seguridad y confianza.
b. Lazos familiares y sociales.
c. Optimismo y diversión.
d. Límites, normas y valores.
Es muy importante que se destaque la afectividad, el tiempo dedicado a los hijos, el trato respetuoso y la motivación interna sobre las exigencias que son necesarias para que todo marche en armonía.
Otro autor señala que los valores fundamentales en la familia son universales, tales como el amor, honestidad y respeto; además, perdón, perseverancia, lealtad y valentía.
Los miembros de la familia desempeñan diferentes roles: el esposo se considera proveedor, la esposa ama de casa, el padre desempeña autoridad, la madre cariño, los hijos respeto y obediencia, los hermanos protección, cariño y apoyo.
En el artículo 55 de la Constitución de la República de Guatemala se expresa lo siguiente:
“Protección a grupos étnicos. …El Estado reconoce, respeta y promueve sus formas de vida, costumbres, tradiciones, formas de organización social”.
Las funciones de la familia son importantes y necesarias, porque contribuyen a un buen desarrollo de sus integrantes.
Personajes importantes exteriorizaron su pensamiento sobre la familia:
“Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre”. Gabriel García Márquez
“El vínculo que te une a tu verdadera familia no es el de la sangre, sino el del respeto y la alegría que tú sientes por las vidas de ellos y por la tuya”. Richard Bach
“La familia es la primera célula esencial de la sociedad humana”. Papa Juan XXIII
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Organización de los Estados Americanos, en uno de sus artículos sobre relaciones y vínculos de familia, escribe:
1. La familia es la unidad básica natural de las sociedades y debe ser respetada y protegida por el Estado. En consecuencia, el Estado reconocerá y respetará las distintas formas indígenas de familia, matrimonio, nombre familiar y de filiación.
En resumen, respetemos, cuidemos a nuestras familias, porque son un tesoro invaluable y que nuestras acciones siempre la protejan.
Laura Ronquillo
Doctora en Salud Mental y Dinámica Humana, con tres maestrías, Licenciada en Pedagogía, Profesora en Enseñanza Media, escritora de temas de educación, salud mental y psicología, y catedrática universitaria.
Envidia, la emoción que incomoda
La envidia es una de las emociones más comunes y más complejas que enfrentan los seres humanos a diario.
La envidia es una de las emociones más comunes y más complejas que enfrentan los seres humanos a diario, y al mismo tiempo rechazada e incomprendida en la sociedad. La envidia proviene de desear y no obtener lo que la otra persona tiene desde el ámbito personal, laboral o físico. Lo más complejo de esta emoción es que la persona que la vive no la admite ni la reconoce, lo que complica la forma de aceptar lo que se está sintiendo; sin embargo, según la psicología, como todas las emociones, la envidia no es buena ni mala, sino que es equivocada la forma en que se gestiona y se expresa. La constante comparación con otras personas genera frustración, incomodidad y sensación de inferioridad. Sin embargo, la envidia es una señal interna de que la persona no ha logrado algunos sueños o metas, lo que la convierte en constante comparación con quienes sí han cumplido con esos logros. El problema está en la forma en que la persona gestiona esa emoción: cuando en vez de ser una motivación para luchar por llegar a ese sueño, se convierte en crítica constante, desvalorización de los logros de las otras personas, competencia excesiva y poco sana y sabotaje emocional. En este caso, la envidia deja de ser una emoción pasajera porque se supera o se trabaja para lograr lo deseado y pasa a ser un factor que perjudica la relación con la persona a quien se envidia e incluso afecta su salud mental, presentando problemas de ansiedad y depresión a consecuencia de este estado emocional. Las redes sociales han amplificado esta situación, considerando que las personas suelen publicar únicamente lo perfecto de sus vidas, pero ocultan la realidad, lo que genera comparaciones poco realistas, ya que publican una distorsión de la realidad. En la actualidad, las redes sociales se han convertido en una competencia, sobre todo en los jóvenes, de obtener lo que el otro ha publicado, desde cosas materiales, moda, viajes, relaciones amorosas, entre otras. Recomiendo que cuando sienta envidia, aprenda a reconocer la emoción y no a negar lo que está sintiendo. Admitir el sentimiento de que le incomoda porque desea lo de la otra persona es el primer paso para convertirlo en una oportunidad de plantearse una nueva meta y construir el camino correcto para obtenerla. También se debe trabajar en la autoestima para que perciba que todos tienen algo que desean de los demás. Por último, trabajar en la gratitud de lo que usted ha obtenido y autorreconocer sus logros ayuda a comprender que puede obtenerlo, pero que no todos toman el mismo camino para cumplir sus metas.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología
La Resurrección: la victoria de la vida
La Resurrección es la proclamación de que la muerte no tiene la última palabra.
El silencio del sepulcro no duró para siempre. Al tercer día, la tristeza se transformó en asombro y esperanza. Lo que parecía una historia terminada se convirtió en el anuncio más poderoso: la muerte había sido vencida para siempre.
“No está aquí, pues ha resucitado, como dijo”. (Mateo 28:6)
La Resurrección es la proclamación de que la muerte no tiene la última palabra. La luz venció a las tinieblas, y la vida triunfó sobre la tumba. Los discípulos pasaron del temor al valor, de la duda a la fe, porque comprendieron que las promesas de Dios son fieles y eternas.
“Yo soy la Resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. (Juan 11:25)
Este acontecimiento no solo cambió la historia; sigue transformando corazones hoy. La Resurrección confirma que el sacrificio fue aceptado y que hay nueva vida para todo aquel que cree, una vida marcada por la esperanza, la paz y la certeza de la presencia de Dios.
Preguntas de reflexión:
- ¿Vivo cada día con la esperanza de la Resurrección?
- ¿Cómo puedo reflejar esa vida nueva en mis acciones diarias?
Edwin Ibarra
Médico Especialista en Cardiología y Ecocardiografía. Coach, conferencista y entrenador certificado por el Programa de John Maxwell, Pastor de la Red de Empresarios y Profesionales de Iglesia Bethania Quetzaltenango. Fundador de los Proyectos “Sanando el Corazón” y “Discipulado Empresarial 20/20”.
OpiniónReflexión
Pedro, discípulo de Jesús, espejo de la naturaleza humana
Rememorando los momentos en los que las Sagradas Escrituras relatan los acontecimientos que antecedieron a la muerte de nuestro Salvador, pienso en los discípulos de Jesús, en lo privilegiados que fueron al estar a su lado durante su ministerio. Es inevitable enfocar mi mirada en Pedro, uno de los discípulos que califico como entusiasta, obstinado, audaz y, sin tener estudios teológicos ni conocimientos escatológicos, al leer el pasaje donde se registran las frases que expresó a Jesús antes de ser apresado: Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y hasta morir contigo, a lo que Jesús le respondió: Pedro, te digo que hoy mismo, antes que cante el gallo, tres veces negarás que me conoces; puedo imaginar la incertidumbre y posiblemente el temor por el que atravesó Pedro en ese momento. Admiro la audacia para aprovechar ese instante y expresar el amor profundo que le tenía a Jesús; posiblemente en mi humanidad hubiera hecho lo mismo. Permítame, desde mi perspectiva, calificarlo como un acto de amor y humillación, sin duda una actitud muy humana. Posiblemente Jesús en ese momento lo que deseaba era que Pedro entendiera que no hay nada, absolutamente nada, que esté en nosotros que podamos hacer o decir para que el firme propósito de Dios de salvarnos a través de Él se cumpla en nuestra vida.
Quiero aprovechar estas líneas para enaltecer el nombre de Jesús y expresar mi gratitud por el más sublime sacrificio hecho en la cruz por amor a la humanidad.
¡Alzo una oración para que en nuestro diario vivir podamos reconocer que no hay nada ni nadie, ni obras, ni las mejores acciones en este mundo que nos permita acercarnos confiadamente a Dios, si no es por el sacrificio de Jesús hecho en la cruz; permítenos amarte, agradarte y entender que tu gracia es suficiente para salvarnos y que gracias a que tú vives, ahora nosotros vivimos!
¡Amado Dios, que nuestros actos tengan coherencia con nuestras palabras, pero que, a pesar de nuestros defectos, errores y pecados, al igual que en la vida de Pedro, que es un espejo del corazón, sensibilidad, vulnerabilidad y condición humana, podamos ser transformados conforme tu plan y propósito por el que fuimos creados, amén!
¡Y gracias, porque para ti todo tiene sentido y todo obra para bien para los que te amamos!
Silvia Morales Paniagua
Docente de nivel primario y básico con Especialidad en Ciencias Naturales. Licenciada en Administración Educativa y Magíster en Educación Superior.
Muramos al pecado y resucitemos la santidad
Estamos nuevamente en Semana Santa. Para muchos es una oportunidad para salir de vacaciones y pasar algunos días con sus familias. Es el descanso más largo del año. Para nosotros los sacerdotes es la semana que más trabajo tenemos. Pero para quienes tienen la oportunidad de descansar algunos días, aprovechen estar al lado de sus seres queridos, porque no hay nada más reconfortante que compartir con quienes amamos y nos aman.
La Semana Santa es una oportunidad también para tratar la manera de ser un poquito más santos, es decir, convertirnos en mejores personas. Todos estamos llamados a la santidad. ¿Pero qué es ser santo? ¿Cómo ser santo?
Santo es un sinónimo de bienaventurado, dichoso y feliz. Ser santo es hacer el esfuerzo por vivir una vida más coherente, es decir, vivir según la voluntad de Dios, aunque esto cueste e implique sacrificios. Ser santo, ser santa, no implica no tener tentaciones y deslices. Ser santo es tener el coraje de luchar contra el pecado personal y social. En el mundo y en la sociedad hay luces y sombras. Hay gente que sí quiere colaborar en la construcción de un mundo mejor; pero hay gente que “le vale madre” todo y se dedica a robar, mentir y matar.
El Papa Benedicto XVI afirmaba en la audiencia general del 13 de abril de 2011: “La santidad, la plenitud de la vida cristiana, consiste en unirse a Cristo, en vivir sus misterios, en hacer nuestras sus actitudes, sus pensamientos, sus comportamientos. La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, moldeamos toda nuestra vida según la suya. Es ser semejantes a Jesús, como afirma san Pablo: “Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo (Rm 8, 29)”.
Entonces, esta Semana Santa o Semana Mayor, todos tenemos la oportunidad de unirnos más íntimamente a Dios, reflexionar sobre nuestro trabajo y la manera cómo hemos asumido la vida, hasta dónde vamos y pedirle sabiduría al Señor para que esos cambios sean una realidad.
Nuestro país, Guatemala, está carcomido por muchísimos malos políticos “cristianos”, que han llegado a esos puestos para beneficio personal. Salen hablando en sus videos afirmando que son “fiscales del pueblo”, que están fiscalizando obras, que están trabajando por las necesidades del país. Sin embargo, sus obras dicen otra cosa. Por ejemplo, la mayoría de los diputados votó para aumentarse el salario, y además, votaron por un magistrado corrupto para la CC.
A pesar de esta realidad podrida, todos estamos invitados a ser santos. El mal nunca dejará de trabajar en nuestra vida, pero nosotros podemos marcar la diferencia, haciendo de una manera extraordinaria lo ordinario. “Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día” (Gaudete et Exultate, 14). Cada uno, desde sus propios roles de vida, está llamado a ser honrado y velar por el bien común. Los solteros, casados y consagrados estamos llamados a reflejar el amor de Cristo a través de lo que hacemos cada día.
Aproveche estos días santos para santificarse y no para condenarse. Participe en las diferentes actividades religiosas y litúrgicas. Acompañe a Jesús en su pasión y muerte, pero no olvide que Él resucita de entre los muertos. Y resucita para darnos vida. El Domingo de Ramos Jesús entra triunfalmente a Jerusalén. El Jueves Santo instituye la Eucaristía y el ministerio sacerdotal, el Viernes Santo lo asesinan, y el Domingo de Resurrección resucita.
P. Orlando Pérez
Sacerdote católico, Licenciado en Teología, Licenciado en Psicología General, catedrático universitario, con una maestría en Docencia Superior Universitaria.
Noelia, tan poca vida
Hay quienes verán en este hecho una victoria de libertad; otros, una derrota de la esperanza.
Ignoro si los hechos que motivan estas palabras le pertenecen a toda la verdad de la historia o tan solo a una ramificación de lo que es perceptible a través de la lectura de noticias internacionales. Pero en las últimas horas he pensado en una señorita, Noelia, Noelia Castillo, Noelia Castillo Ramos, quien el reciente 26 de marzo hizo un acto humano que puede tener muchas ramificaciones y opiniones, pero me refiero al acto humano de elegir.
El nombre Noelia, ahora inevitablemente, ocupa un momento en mi memoria y se amalgama con mis otros recuerdos, conjeturando así el sentido de mi existencia.
Leí la noticia; indica que esperó 601 días, un número impreciso de una enumeración que no me pertenece, pero que entiendo como una numeración quizá insoportable del dolor.
601 días de espera en una lucha judicial, acompañada de un dolor, ha de sentirse una eternidad; sin embargo, en el universo aquello parece ser apenas un instante. Todo cobra relevancia conociendo la condición del alma humana, quien habita ese tiempo.
He leído también, o creí haber leído, que El País hablaba de que ella no debió morir ese jueves 26 de marzo, sino mucho antes, cuando la verticalidad de un quinto piso no le permitió cumplir con su objetivo. A partir de ello, todos estos días me pregunto si para Noelia el tiempo fue una sucesión de hechos o un solo hecho prolongado lleno de cansancio.
No es mi oficio juzgar. Los hombres y las mujeres, a veces, no son responsables directos de lo que la vida depara. Siento que hay destinos que contemplan una ley antigua escrita en un idioma que no conocemos, y es por eso que seguimos experimentando diversas situaciones en este viaje terrenal.
Hay quienes verán en este hecho una victoria de libertad; otros, una derrota de la esperanza. Su historia me recuerda a la novela Tan poca vida de Hany Yanagihara, no por la figura literaria de la comparación, sino por la similitud de lo que me hace sentir: que hay vidas que ven diferente, demasiado diferente, que golpean nuestra realidad y nuestra forma de observar el mundo.
No juzgo ni celebro la decisión de Noelia porque estoy aprendiendo a desconfiar de las certezas. Además, de ella he leído un poco que es insuficiente para escribir con certeza, pero escribo porque la emoción que me rodea es fuerte. Me hace contemplar quizá una dimensión del alma que yo apenas estoy descubriendo.
Noelia, tan poca vida.
Entre la vida y la muerte, eligió.
José J. Guzmán
José J. Guzmán (Quetzaltenango, 1993). Licenciado en Comunicación Social. Más de 10 años de experiencia en medios de comunicación. Tiene un libro de poemas publicados: “La Escena Absoluta” (2012).
OpiniónReflexión
Guía de Verano para el cuidado de tu Zona V
Cuidar tu salud íntima es parte del amor propio y del bienestar que todas merecemos, desde las más pequeñas hasta las más grandes.
El verano ya está aquí, días de piscina y convivencia. Es el momento favorito de muchas niñas y mujeres para refrescarse, pero mientras nosotras disfrutamos del agua, nuestra flora vaginal puede estar librando una batalla. La salud del área vulvar es delicada y, en esta época, factores como el cloro, los trajes de baño húmedos y el exceso de higiene pueden pasarnos factura.
Aquí te comparto los puntos clave para el cuidado de tu zona V.
Las piscinas necesitan cloro y otros compuestos químicos para mantenerse limpias, pero estas sustancias son sumamente alcalinas. Nuestra zona íntima tiene un pH naturalmente ácido que actúa como una barrera protectora. El contacto prolongado con el agua de la piscina puede alterar este equilibrio, eliminando la "flora buena" (lactobacilos) y dejando el camino libre para irritaciones o infecciones como la candidiasis.
El error más común es pasar horas con el traje de baño húmedo después de salir del agua. La combinación de humedad + calor + falta de ventilación es el caldo de cultivo perfecto para los hongos. En cuanto termines de nadar, cámbiate. Seca bien la zona con una toalla de algodón y ponte ropa interior seca y transpirable.
A veces, al sentir el olor a cloro, tendemos a lavar la zona íntima con jabones fuertes o con mucho perfume. ¡Cuidado! Esto solo irrita más la piel de la vulva, que ya está sensible por el agua de la piscina. La vulva solo necesita agua o, en su defecto, un jabón con pH neutro. Nunca realices duchas vaginales, ya que barren con tu protección natural.
Para las niñas, las reglas son las mismas. Su piel es aún más delgada y sensible. Es vital enseñarles a no quedarse con la calzoneta mojada y a secarse correctamente de adelante hacia atrás. Si notas enrojecimiento o que se queja de picazón tras un día de piscina, es momento de una revisión.
Dúchate antes y después: Entrar a la piscina sin residuos de cremas y salir de ella para eliminar el cloro de la piel es fundamental. Beber suficiente agua ayuda a mantener las mucosas saludables. En algunos casos, el uso de barreras naturales (como aceites protectores específicos) puede ayudar, pero lo más importante siempre será mantener la zona seca y ventilada.
Cuidar tu salud íntima es parte del amor propio y del bienestar que todas merecemos, desde las más pequeñas hasta las más grandes.
Sara María Mendoza G.
Experta en sexualidad, derechos sexuales y reproductivos. Médica General, con especialidad en Ginecología y Obstetricia. Tiene una Maestría en Sexualidad Humana.
OpiniónSalud y Bienestar
Profesionalismo, una competencia más allá del trabajo
Antes de iniciar la pelea, una artista interpretó el Himno Nacional de Guatemala; sin embargo, cometió errores en la letra y adoptó una actitud más propia de un concierto.
Hace pocos días, muchos guatemaltecos celebraron el triunfo del boxeador Lester Martínez, el cual fue transmitido por diversos medios. Antes de iniciar la pelea, una artista interpretó el Himno Nacional de Guatemala; sin embargo, cometió errores en la letra y adoptó una actitud más propia de un concierto, lo que provocó indignación y diversas reacciones en redes sociales.
Ambas personas compartieron el mismo escenario, pero demostraron algo en común de maneras muy distintas: el profesionalismo.
En una era en donde la vida personal y laboral se entrelazan, especialmente por redes sociales y, como en este caso, en canales de televisión, es importante conservar una actitud profesional en cualquier contexto, siendo esto algo clave en la habilidad de practicar la inteligencia emocional. La forma en la que las personas se comportan fuera del trabajo también impacta su reputación, relaciones y oportunidades laborales.
En este caso y en todos los demás, ser profesional no significa dejar de ser auténtico ni dejar su personalidad por un lado, sino que implica actuar con coherencia y respeto en cada entorno en el que se encuentre. Desde la psicología, esto implica el conocimiento de la autorregulación emocional. Saber cómo actuar, qué decir, cómo reaccionar en cualquier situación, incluso aquellas de exposición pública y estrés, son parte de la autorregulación emocional; la capacidad de concentrarse en la tarea antes de reaccionar ante los distintos estímulos que le rodean es una competencia valiosa.
Otro aspecto importante para estas situaciones es que tiene que existir una coherencia entre los valores y la forma en la que se está comportando, de la mano de la empatía y la comunicación asertiva con los demás. Con esto, la persona mantendrá una conducta íntegra, sin ser manipulada por el contexto del lugar donde se encuentre; cuando esto se rompe, la persona se percibe como poco auténtica e inestable.
En ese caso, manejar las emociones reduce el estrés y mejora la calidad del trabajo que se está realizando, obteniendo resultados positivos para la persona que está actuando y trabajando bajo presión. Dentro de la salud mental, esto significa que la persona ha establecido una identidad sólida que impacta de forma positiva y evita conflictos innecesarios con su entorno.
Recomiendo pensar en las acciones que se están tomando dentro y fuera del trabajo, ya que estas influyen en la percepción que tienen otras personas de nosotros; cuando las acciones son correctas, se puede conectar con el mundo exterior de forma profesional. Esto construirá una imagen de respeto. Un buen profesional mantiene sus valores en cualquier ámbito, sin dejarse influir por el entorno.
Crysta Nowell
Psicóloga Industrial / Organizacional, Magíster en Gestión del Talento Humano, asesora en procesos de recursos humanos, capacitadora y especialista en reclutamiento y selección de personal.
OpiniónPsicología


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